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La Luna que traicionaste ya no te pertenece

Capítulo 3 Tres

Palabras:1718    |    Actualizado en: 26/08/2026

vista d

ó sin mi

ndo de reojo cómo se alejaba. No e

a opresión no era

irrit

ás com

mente lo que e

ba en mi mente con una agitación que rara vez había sentido en él,

lo impedí. Sabía que todavía profesaba aquella absurda l

s agr

mi autoridad del

ntado en ese t

as

izó. Nunca lo hacía cuando creía que yo había cometido un erro

ue Virella y el niño estaban ilesos. La abuela Maelis volvió a acomodarse e

a estancia y se

con ella -dij

carácter tan apacible como mi madre,

empo para tr

Y, antes de que descartes sus palabras... -Se detuvo para escoger con cuidado las siguientes-. Deberías r

el salón, Elvira dej

espués de tres años dirigiendo una casa, ahora imagina que ti

as con estudia

ose. No irá a ninguna parte. ¿Qué Alfa aceptaría a una

arle la

lternativa mejor. Su madre me lo

la palabra «divorcio» regresaba una y otra vez a mi m

ae

i lado, todavía debilitada

Te lo dije desde el principio: jamás permi

ví hac

risteza suavizando sus faccion

ue habrían quebrado a la mayoría. Había tomado decisiones bajo presión que salvaron muchas vidas, incluida

mano y cu

ijo. No irás a

de mi tensión. Virella no lloraba con facilidad. El

y al niño era mi

a mano para r

seguridad que no sentía del todo-. Haré que

rincipal de los aposentos de Rowe

bía recorr

de nues

relazados. Cuando prometí a su madre que cuidaría de ella, hab

as, nunca había sido

esposa que me aguardaba en casa. Quería

brí la verdad

o predestinado la abandonó cuando su familia cayó. Ella s

asado todo aqu

or el hombre que la había rechazado. Incluso hacía planes

ue hubiera sentido

torioso y ella todavía conservaba el suficiente sentido común para p

o de Luna, n

vería a ab

, ¿verdad? La voz de S

resp

No era un vínculo entre compañeros, nada tan nítido ni definitivo, sino

í en nuestra

istancia no habían conseg

na mano p

oí la voz

en derecho de familia. Alguien ajeno a

ía alimentado durante

uerta de

a prisa, ¿ve

itación. Sus doncellas se estremecieron bajo

palda rígida. El único indicio de debilidad eran sus de

o, no era más

i presencia. Velvet se

aunque sus palabras fueron audac

a carcaj

mi esposa dentro de mi propia manada? -No aparté la vista de Row

ero no reprendió a la muchac

e por aquí,

mi regreso. Y sus exigencias de divorcio no eran más que una excusa. Pretend

ció y, cuanto más la considerab

la

iero hablar a so

bas mantuvieron los ojos clavados en

retorció en

stado para que olvidaran quién

udiera actuar,

ennos solos. Puedo

justo al otro lado de la puerta. Como si yo

venido a deci

la mesa y se sirv

amilia. Salvó mi vida y la de mis soldados. Esta m

de té. Me preparé para

rió. Una sonri

ho que m

pad

... de

la cabeza-. Lleva a tu hijo. ¿De verd

i tensión

ue hayas ent

spero recibir la misma cortesía. Concéde

deberem

pacio, como si necesitara pa

l cuello con una mano. No apreté lo suficiente

do no tenías nada. ¿

prometist

zos junto al cuerpo, aunque

te a su lado y finja estar encantada

or qu

as lo suficiente para sentir los

dicto las leyes

r y retrocedió un paso, llevándose una mano a la ga

y descarnada-. ¿Pretendes convertirme en el hazmerre

ultad y se obligó a

gún cualquier criterio que importe, no somos marido y muje

cons

on en mí como una chi

la cintura con un brazo y la atraje contra mí. Ella jadeó y

a-. ¿De eso se trata en realidad? ¿

por sus mejillas y cómo su respira

ebería r

abrieron d

b

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La Luna que traicionaste ya no te pertenece
La Luna que traicionaste ya no te pertenece
“"Ella es Virella, mi esposa." Tres años. Eso fue todo lo que recibí del Alfa Kaelen. Ni una bienvenida. Ni una caricia. Ni siquiera una mirada de reconocimiento. Solo apareció con otra mujer a su lado embarazada de su hijo. Mientras yo gobernaba en su ausencia, para él no fui más que alguien ocupando un lugar. Una Luna que jamás eligió. Así que dejé de luchar. Y me marché. Bastó un solo rechazo para quebrar nuestro vínculo. Cuando regresé, ya no era la Luna que él había abandonado. Ahora era intocable, respetada y temida. Y ya no tenía derecho a reclamarme. Ahora me mira como si se estuviera ahogando... Porque la mujer que despreció volvió convertida en alguien que ya no podía alcanzar. Y esta vez no regresé sola. El Alfa de Ebonmoon está a mi lado, imponente, con una mano firme en mi cintura... "Ten cuidado, Kaelen", advierte con voz baja y oscura. "Rowena ya no te pertenece." Sus labios rozan mi sien con un gesto posesivo. "Es mía. Y si intentas llevártela, te destruiré."”