Vista:
vicio. Me levanté con el cuerpo entumecido, frotándome los brazos para sacudirme el frío de la montaña. Mi ropa todavía desprendía sutilmente el aroma a tor
los límites permitidos de la fortaleza. El patio de armas estaba hirviendo de actividad: guerreros corpulentos entrenaban con espad
on, sustituidas por murmullos cargados de desprecio
e cabello castaño mientras pasaba a mi lado con un fardo de piel
in molestarse en bajar la voz-. Una omega que no puede aullar es un est
aquí, en territorio enemigo, la hostilidad era un monstruo con dientes afilados dispuestos a despedazarme al menor rastro de sumisión
iedra. Allí, apartada del bullicio y rodeada de un huerto de hierbas aromáticas, se erguía una pequeña cabaña de madera. El olor a
erdad? -una voz suave y mad
o pero con ojos agudos y sabios. Llevaba una túnica de lino gr
n una ligera inclinación de cabeza, desprovista de
respondí con una sonrisa am
e abrieron con sorpresa y sus fosas nasales se dilataron levemente. Clavó su mirada en mi rostro y l
un hilo de voz-. El lazo. Es un lazo
un esc
ndo a mi alrededor para asegura
aura está impregnada con la esencia pura de nuestro Alfa, y la de él... anoche regresó al cast
arme la garganta-. Me instaló con el servicio y me prohibió ace
e me sentara en un banco de madera junto a su huerto. Se
aelen no siempre fue el Alfa implacable que ves hoy. Hace años, fue traicionado por su propio padre y desterrado
na extraña opresión en el pecho a
lazo del destino no como una bendición, sino como una debilidad. Cree que la Diosa Luna está intentando controlarlo a través de ti, atándolo a una hembra que él considera frágil. Tiene miedo
elen no me odiaba por lo que yo era; me temía p
inquieta. Valerius y otros guerreros huelen tu falta de rango y te ven
de regreso hacia el patio interior. Pero la adverte
ros corpulentos me cerraron el paso. Reconocí a uno de ellos: era un lobo de mirada
sita muda de Luna de Sangre. ¿Qué pasa, omega? ¿Viniste a limpiar nuestros es
tando rodearlos, pero otro de ellos me
ro, acercándose demasiado, invadiendo mi espacio personal-. Una loba que no puede aullar
rustración amenazaron con salir, y los guerreros se rieron, disfrutando de mi aparente indefensión. El grupo de lobos que estaba en el
del patio se conge
ugar como un manto de plomo. El suelo pareció vibrar. Los tres guerreros que me acorralaban se pusieron r
uerra furioso. No llevaba su capa; su torso estaba cubierto por un jubón de cuero negro que resaltaba sus hombros co
ojos. No eran grises. Eran de un dorado incandescente, animal
regado para humillarme. Su mirada recorrió a los tres lo
jeres del patio, una vibración territorial que reclamaba propiedad absoluta sobre cada centímetro de este suelo... y sobre
sus ojos dorados en los guerreros rebeldes y ejerció
íder, comenzó a dispersarse a toda prisa, bajando la cabeza y huyendo del patio en cuestión de segundos. Los tres agresores t
subía y bajaba con violencia, luchando visiblemente contra el impulso de bajar y arrancar cabezas por el simple hecho
volvía a encenderse en mi vientre con una fuerza renovada, salvaje y desesperada. Kaelen apretó la mandíbula, dio m
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