LEN
a, pero este no es el punto. Busqué
r, aunque mi voz sonó más como
lentos y rítmicos. Cada golpe de sus zapatos contra el suelo de madera resonaba como
. de esto -señalé mi estado, sintiendo cómo el calo
nota que te intimida, habrás per
a alcanzarla, Damián atrapó mi muñeca. Su agarre no era doloroso, pero sí absoluto. El contraste
que su aliento rozó mi lóbulo-. Y un hombre como yo no deja sus
sin escrúpulos, un animal... -le espeté, inten
aron contra la fina tela de su camisa, y pude sentir el latido constante y calmado de su corazón.
n, adquiriendo un brillo peligroso-. Pero e
garganta cuando él deslizó su otra mano por mi espalda desn
oz bajó un octavo, volviéndose una vibración profunda que sentí en el vientre-. ¿Crees
opias reacciones me traicionaban. Lo que
misma brusquedad con la que me había sujetado. El frío regresó de golp
quiero que estés lista para el desayuno. Vendrá un equipo de rel
un bar privado de madera oscura exhibía botellas de cri
in mirar atrás-. No quiero que el servicio piens
se con manos temblorosas, anudando el cinturón con tanta fuerza que casi me dolió. Me senté en el borde de la inmensa cama, observándolo. Damián bebía
elegido a cualquier mujer. Hay cientos que se la
La luz de la luna entraba por el cristal, dán
e un padre que me quitó lo que más q
Todo se red
ría daño? -lo defendí, aunque ni yo misma estaba segura de ello. Es
queta, Elena. Y ahora, yo soy el dueño
una tranquilidad tortuosa. Mis ojos, traidores, siguieron el movimiento de sus dedos, revelando un
sarcasmo, metiéndose bajo las sábanas-. Mañana empieza
ca del borde que temía caerme. El silencio en la habitación era denso, cargado de una tensión que casi podía cortarse. Podía sent
ar, no perderé mi virtud, po
AMI
iltra por las cortinas. Qué carajos. La pierna de ella sobre mi cuello, ella a
a noche, pero esto apenas comienza". E
sobre la almohada gris, creando un contraste que me resultó irritante por lo hipnótico que era. Me puse de pie y me vestí con mo
obre el colchón, inclinándome hasta que
tiempo es oro y hoy me
al en sus pupilas se transformó rápidamente e
aldito rostro en cuanto abrí los ojos. -preguntó con la voz ronc
muchos de nosotros -me incorporé, ajustándome los gemelos de oro
No soy una muñeca
reer que me he casado con la mujer más radiante de la ciudad, no con
Es cierto, en mis mejores tiempos yo era
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