rró Greeg al ver a Ang
una sonrisa radiante, sintien
e abrió la puerta del auto y la ayudó a subir. El traye
mos esta vez? -preguntó
rantes. Tengo algo mucho má
con las hélices en marcha. Angeline ahogó un grito de asombro. Minutos después, aterrizaban en una peque
¡Es increíble! -exclam
-le dijo él, tomándola de la mano-. Quiero que es
convencida de que Greeg estaba tan cautivado por ella como ella por él. Lo que no sabía era que c
ortando la distancia entre ambos-. No puedo seguir fingiendo. Me gustas.
n me gustas, Greeg -respondió
entregó su alma; para ella era el inicio de un sueño, pero para Greeg, era el sello de un contrato de
borde de la cama. El rastro del perfume de Angeline
pensaba, Angeline Bathekey -murmuró
a felicidad que la hacía cantar frente al espejo
hayas dormido bien -dijo la voz de
ándolo todo -confesó el
espondió él, con un matiz oscuro que ella no percibió-. Y t
er a los padres de Angeline. En la entrada de
ace un año tuvo un accidente que lo dejó en estado vegetativo. Te dije
es -respondió él, fingiendo compasión mientras sentía que las ná
escuchar el nombre de su invitado
.. hace mucho no escuchaba ese apellido. Desde... Bueno, no
na -respondió él, forza
a mi papá. Está arriba -dijo A
los monitores golpearon a Greeg. Allí estaba él: Amadeo Bathekey, post
Greeg Hathawa
. No era la mirada de un enamorado; era una mirada fría, penetrante, cargada de una osc
un momento a solas con él
e con tu madre
Se inclinó sobre Amadeo hasta que sus rostros estuvieron a pocos cent
ey? -susurró Greeg con desprecio-. Eres m
on desesperación, intent
Te lo diré el día que tu hijita sea mi esposa y la tenga completamente bajo mi c
alertando sobre la frecuencia cardíaca disp
ho -exclamó la mujer,
un ojo a Amadeo de forma burlesca. Al cerrar la puerta tras de sí, un
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