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Inconfesable

Capítulo 8 Juego descubierto

Palabras:1392    |    Actualizado en: 20/06/2026

xa

al espejo retrovisor antes de que sus ojo

amos la pareja perfecta -murmu

Quantum, esperó hasta que Andrea se durmiera y luego me acorraló contra la par

? Le diste a Alessandro justo

s que ahora ocultaba bajo la manga de mi blusa. No grité y aunque al mirarlo a l

tender puentes familiares y toda esa mierda» siseó al señal

espertando, consciente de que cada kilómetro me acercaba más al momento e

entó al detenerse en un semáforo-. Siempre lo ha creído. Pero h

os monólogos de Valentino no reque

tino revisó su teléfono y tecleó algo rápidame

predecible -murmuró más p

ntro si tanto lo detestas? -preg

clavaron en

ncia. Pero te aseguro, que si p

ufrir las c

a amenaza. Valentino no era so

l sol matinal. Mi mirada se elevó hacia la terraza y mi plegaria de que esto func

ntino bajó primero y rodeó el

blaba anoche contra la pared. Era la directora financiera que había sobrevivido diez años

da -susurró, ofr

a circunstancia habría apreciado. Pero en ese momento, mientras Valentino me

mirada recorrió primero a Valentino y luego se posó

e calidez al saludarse con Valentino

ando iba a saludarme, se encontró dudando entre darme su mano o un beso en la mejilla y

anoche -agregó sin mirar a ningu

ovare y pensé... es hora de madurar, unir

e café y bebió, sin prisa po

á la familia -dijo al fin, dir

ngre se congela

pondí, tomando una servilleta que

tentó retoma

iones, quizás podríam

da fija en mí, como si Val

su pasión po

rategia de Alessandro al rehusarse a hab

odo en su silla. Su sonris

neas a asisti

. Un error. Alessandro lo miró con una expresión in

o no d

hacia adelante, aband

no al otro, ¿no crees? Yo hablar

. Había detectado la desesperación en su voz y a

ebería pensarlo, pero pri

do colocaban los platos frente a nosotros. Su plan perfecto se

t tan delicioso mientras me obligaba a no

autos, Valentino se alejó para saludar a un grupo de inversores que acababa de

el desayuno -la voz de Alessandro me s

do recuperar mi compostura-. Grac

con picardía como si co

arganta sin sa

onarla haría que le diera má

portivo rojo que contrastaba complet

ompleto. Su mirada se endureció tanto que tuve que bajar la mirada y me di cuenta

asó? -p

jos. No quería su lástima. No quería que viera lo que había deba

é, desviando la mirada-.

no me creía. Y lo peor era que una p

o -dijo, entregándome su tarjeta

Nuestras miradas se encontraron y por un momento, terrible y perfecto, existió una especie de conexión que

alentino subió al auto y me hizo un gesto de

ecto de regreso. Yo agradecí el silencio, aferrándome a mi bolso hasta qu

cionó el auto

ijo sin esperar mi

puse un pie en el pasillo q

armada me pu

surró, inclinándose hacia mí-. L

unque por dentro sentía que cam

mi silla, con una expresión indescifrable, leyendo el periódico a pe

o sin levant

rando la puerta tras de m

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Inconfesable
Inconfesable
“¿Qué pasa cuando la única persona que puede salvarte... es también aquella a la que no puedes amar en voz alta? Ella es la directora financiera de una empresa en ruinas. Él, el único inversor capaz de salvarla... y el hombre con quien compartió una noche que jamás debió ocurrir. Un hijo secreto. Un matrimonio sin amor. Y el regreso del hombre al que nunca debió tocar.”