imponente escritorio de roble, cruzando las manos con una elegancia aristocrática que me ponía enferma. Se tomó unos segundos
antiguos compañeros de clase ya son especialistas respetados o residentes de tercer año con futuros brillantes. Mark es el actual jefe de trauma, Elena es la estrella indiscut
n las palmas de mis manos y apretando los puños a los costados para camuflar e
resto de los pasantes, todos los ojos estarán puestos en ti. Si fallas, si llegas un solo minuto tarde a una ronda, si tus manos tiemblan al hacer una sutura... no solo te hundirás tú, sino qu
tes, sosteniéndole la mirada con
egra sobre el escritorio
que las de Sterling. Ahora lárgate de mi o
dos por el pasillo central, buscando desesperadamente a Thiago para no desorientarme en mi primer día, pero mis pies se detuvieron en seco cuando divisé e
e gritaba "estatus social" a kilómetros de distancia, estaba de espaldas a mí. Se inclinaba hacia Ian con una fa
tan natural que me revolvió el estómago. Por un segundo, la brilla
k: 5 año
rencias de anatomía -dije, cruzándome de brazos en medio del campus universit
dad. Ian soltó una carcajada profunda, una de esas risas dulces y genuinas que solían hacerme vibrar entero el cuerpo. Se acer
n un amago de beso-. Leticia es solo una conocida de los negocios de mi madre, Zoe. No significa a
idar cualquier duda, mientras sus manos acariciaban con delicadez
abrazo físico sumamente efusivo rompieron el rec
u uniforme de Jefa de Urgencias, pero su sonrisa
e pocos amigos que Ian nos lanzaba desde la distancia mientras Leticia se aferraba con f
ura, mientras veía de reojo cómo Leticia se giraba y me lanzaba una mirada de recono
o drásticamente el tono de voz al notar la tensión, ojeando a la pareja-. Y
mirada de auténtico terror en dirección a Ian. Él seguía allí, estático, observá
o la gravedad de mi súplica, y su e
itamos coordinar tus turnos de urgencias... y necesito saber con lujo de d
do a nosotros, luciendo completamente abrumado y confundid
amos en la sala de trauma en exactamente treinta segundos, podemos ir bu
te al oído. Sus ojos azules, oscuros y penetrantes, estaban fijos exclusivamente en mí, analizando minuciosamente cada uno de mis movimie
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