l ya no sonaba a una empleada que caminaba con prisa para no llegar ta
presidencial. El letrero cromado en la entrada todavía rezaba: Guillermo Voraz – Presidente Fundador. Adrián había estado usando un
ado de una revista de alta arquitectura. La oficina era inmensa. Tenía un escritorio de nogal negro pulido, ventanales de piso a techo c
o que ve aquí, y lo que está en los servidores privados de su abuelo, le pertenece. Su as
ría de la madera. Se sentía extraña, como si estuviera habitando el cuerpo de otra persona. A
mó Mónica sin d
seño
ente se sentaba a
n una calidez que rara vez mostr
vida no fue construir este holding, sino asegurarse de que su única nieta creciera con la humilda
arganta. Se sentó en el imponente sillón ejecutivo. Le queda
r favor -pidió-. Necesito r
é en la sala de ases
se cerraron, aislando a Mónica en un silencio sepu
s. Adrián entró como un torbellino de furia. Ya no llevaba el saco del traje; la camisa blanca estaba ligeramen
scritorio, apoyó ambas manos sobre la madera de nogal y
-preguntó, con la voz pastosa por la ira
entrelazó los dedos sobre su regazo y lo miró
nte. ¿A qué se debe esta interrupción? Creo q
lase de magia negra hiciste con Sandoval para falsificar esos documentos, pero no me voy a tragar este c
rada-. Estás hablando con la dueña de la empresa. Un poco más d
arcajada amarga, l
álculo y temblabas cada vez que entraba a la sala de juntas. ¿Y ahora esperas que me arrodille ante ti porque apareciste c
lo me protegió de víboras como tú y de tu familia. Sabía que si ponía mi nombre en el registro desde el principio, ustedes habrían buscado la forma de destr
, pero Mónica mantuvo la barbilla en alto-. Conozco a las personas como tú. Viste una debilidad, viste un hueco legal y te metiste como una rata p
sión-. Lo que te duele no es que el testamento sea falso. Lo que te revienta el ego es que la mujer a la que humillaste ayer, la
ración, pero Mónica se soltó con un movimiento b
ó en un tono tan gélido que hizo q
el control que siempre lo caracterizaba, p
e Sandoval, pero no te respetan. En cuanto cometas el primer error financiero, en cuanto las acciones bajen un solo punto po
idad-. Conozco los números de esta empresa mejor que tú. Mientras tú te dedicabas a cenar con inversionistas en restaurantes de cinco estrellas, yo pasaba las n
o sus palabras. La arrogancia en su rostro dio pa
por la mañana tenemos la conferencia de prensa para anunciar los resultados trimestrales. Los periodistas van a pre
despacio, apoyándose con
voy a decir la verdad: que el Grupo Financiero Voraz vuelve a estar en manos
do de nuevo en sus ojos-. ¡Yo salvé este trimestre! ¡Yo reestructuré la de
á la orden firmada por la socia mayoritaria. Cada decisión que tomes, cada contrato que intentes firmar y cada despido que se
ato. La mujer tímida que agachaba la cabeza en los pasillos había desaparecido por completo; en su lugar
e detuvo antes de salir y la miró de reojo-. Pero recuerda esto: en este Pabellón de Cristal, las paredes son transparen
ónica, sentándose de nuevo en el sillón presidencial-. Ahora sal de
un tirón y salió de la oficina, dejando una estela d
le temblaban ligeramente, pero la adrenalina que corría por sus venas era embriagadora.
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