/0/24423/coverbig.jpg?v=47b20c0dbbefd2ed6d57a4cda452ec08&imageMogr2/format/webp)
a tu escritorio antes
es de cristal de su oficina. Ni siquiera se molestó en levantar l
en el aire. Miró el papel y luego los ojos grises
cometió el equipo de finanzas? Yo solo consolidé e
ro Voraz, la última firma es la que va a la guillotina. No
ga, dejando la pluma sobre
de mi división y encontraste el chivo expiatorio ideal. Llevo
onfundas esto con algo personal, Mónica. Eres una analista promedio, perfectamente reemplazable. El mercado
orativo, Adrián. No ti
valores. Te quedan cuarenta minutos p
le temblaran de rabia. Se puso de pie, enderezan
sde tu pedestal, Adrián, y no habrá n
o caer de ninguna parte. Q
a se cerró detrás de ell
s de la ciudad. Llevaba los brazos ocupados con una caja de cartón mugrienta que contenía sus pocas per
sentía ridículamente pequeño comparado con la opulencia de la firma, pero era lo ú
intiendo que las lágrimas del orgullo herido fi
amientos. Mónica frunció el ceño. No espera
, impecablemente vestido con un traje de sastre de tres piezas que gritaba dinero. Dos hombres Corpul
reguntó el hombre mayor con
n paso atrás
ellido... ¿Quién es usted?
acea del consorcio Voraz. Lamento irrumpir de esta mane
mbre y luego a lo
o de hoy, ya firmé todos los documentos con Recurso
rnesto sonrió con suavidad, mostrando una formalidad imponente-. Mis asuntos van mu
se co
madre siempre me dijo que no nos quedaba f
alleció la semana pasada, el fundador del imperio en el que
ire. Mónica se sostuvo del marco de l
cuento mientras ese hombre salía en las portadas de Forbes. Si fuera su niet
lia legítima sedienta de poder. Hijos y nietos que habrían destruido a cualquiera con tal de heredar un dólar más. Cuando su madre se alejó del negocio familiar,
ón mezclándose con la confusión-. ¡Hoy mismo
lermo sabía que usted querría ganarse la vida por sus propios méritos, por eso entró a la empresa desde abajo. Pe
de cera y desplegó el documento oficial. Sus ojos recorrier
esto di
cruzando las manos a la espalda-. Lo que incluye, de manera inmediata, el cuarenta por ciento de las ac
barra de la cocina, retrocedien
or ciento? Eso
irma que toda la junta directiva junta. Y, por su
sonriéndole con desprecio en su oficina de cristal cruzó por su
nderse en el pecho de Mónica. La tristeza por el despi
-dijo Mónica, su voz cambiando por completo, perdiendo la ti
licidad-. En El Pabellón de Cri
a ese lugar con
a, puedo tener un automóvil oficial esperándola abajo a las
testamento de su abuelo, y finalmente al abogado. S
s ocho, Ernesto. No me gusta lleg
/0/24423/coverbig.jpg?v=47b20c0dbbefd2ed6d57a4cda452ec08&imageMogr2/format/webp)