ro volve
zo añicos con un chasquido casi audible en la quietud sepulcral de la oficina. Toda la razón, la prudencia corporativa, el miedo a las cláusulas de fraternización de recursos huma
desesperada. Fue el choque violento de dos trenes a máxima velocidad en plena oscuridad. Adrián la besó como un hombre que ha estado arrastrándose
on cada roce áspero y cada presión de su boca, todo lo que ella le había estado negando con su fría y perfecta profesionalidad
o, el deseo reprimido de ella era gasolina pura. Sus manos, que aún aferraban con fuerza las solapas del traje de Adrián, se deslizaron rápidamente hacia arriba. E
ahora se mezclaba con el aliento de ambos. Sus lenguas se encontraron en una batalla frenética y húmeda, una guerra de dominación íntima donde ninguno de los dos estab
medida, Adrián deslizó sus grandes manos desde la cintura de Marta hacia la parte ba
o de supervivencia mientras él la depositaba bruscame
ueron barridos sin piedad por el antebrazo de Adrián. Cayeron al suelo alfombrado de la oficina con un estruendo ahogado. Todo lo que representaba su vida profesional, el orden impecable y la jerarquía de la planta cuarenta y dos, acabó
fricción a través de las pesadas capas de ropa era una tortura exquisita, un roce constante y punzante que los empujaba sin frenos hacia el borde
la seda cara sin ningún tipo de contemplaciones. Deslizó el bajo de la falda hacia arriba, subiendo por sus muslos, trazando la curva de sus cade
un arco tenso. Soltó un suspiro ahogado que se perdió por completo en la boca de él. Adrián gruñó en respuesta. Sus labios abandonaron la boca de Marta por un se
u perfume, marcando su piel con besos que eran casi mordiscos
ronca e irreconocible, carente de su habitual autoridad. Era el sonido de un hombr
quedaron quietas. Trabajaron de forma frenética en el nudo deshecho de la corbata de él, tirando de la seda hasta sacarla por completo de su cuello y
ando abrir los primeros tres botones y deslizando sus manos frías
atrapó ambas muñecas de Marta, deteniendo sus manos saqueadoras. Entrelazó sus dedos con los de ella, apretando con fuerza, y los inmovilizó c
ncendidos en la penumbra. Su respiración chocaba ruidosamente contra el rostro de Marta-. Te odiaba por la forma en que me mirabas en las reuniones
do con un nivel de adoración obsesiva, hizo que el cent
on violencia, Adrián Varga ya no era el ejecutivo del año. Parecía un depredador primitivo, implacable, satisfecho de haber acorralado por fin a su presa tras una cacería
rapadas, no para liberarse, sino para
usurro cargado de promesas indecentes-. Demuéstrame de qué eres
ente hacia sus caderas, levantándola un poco más sobre la madera. Volvió a capturar su boca en un beso que esta vez era un asalto total y
o, acariciando la parte interna del muslo desnudo de Marta, rozando el encaje de su ropa interior, enviando oleadas de electricidad que la hicieron aferrarse a los hombros de su jefe como si fuera lo ú
/0/24021/coverbig.jpg?v=5c3acb4a7dfae02e5d708f1bc3fe82d8&imageMogr2/format/webp)