bía sido una pesadilla de insomnio. El frío se filtraba por las rendijas de las ventanas y el olor a humedad era omnipresente. Pero no estaba allí para que
ine a un hogar. Estaba impecable, sin rastro de actividad reciente. Me puse el delantal y me puse manos a la obra. No preparé algo complejo, solo una sopa de ve
do cómo mi pulso se aceleraba con cada paso. ¿Qué me es
scuché un sonido metálico, como si estuviera
la madera, cargada de una hostilidad qu
urora. Tra
nte para que mis dudas regresaran. Luego, escuché un golpe
que no quiero ver
viñedos extendidos en el suelo, y Damián, sentado frente a un escritorio, con la sombra del atardecer cayendo sobre su
bajando a un susurro pelig
ocado desde que llegué -dije, caminando hac
ue pudiera dejar la bandeja, sus manos, rápidas y precisas a pesar de su estado, ag
e se esparció por la madera vieja del suelo, y los trozos de pan salieron volando hacia las
por un segundo. El coraz
voz apenas saliendo, pero firme-. ¿Dest
ojos clavados en los míos. Tení
uidados, ni tu presencia aquí -siseó-. No sé qué clase de ju
de servicio, entró apresurada, probablemente alertada por el estruendo. Se detuvo en seco al ver el de
... escuché
éndola antes de que Damián
n el dueño de la casa. Damián estaba demasiado ocu
toridad que me sorprendió incluso a
puerta tras ella. El silencio volvió a caer, más denso que nunca. Damián se r
ojos en mí con una frialdad que me estremeció-. ¿
manos en mi delantal. Lo mi
significa ser quien ponga orden
arcástica que hizo que sus hombros temblaran. S
de antes de que mi vida se fuera al infierno. Me dijo que te has estado escondiendo en las sombras, esperando el momento perfecto para abalanzarte sobre el pobre hombre lisiado que ahora soy. ¿Por qué estás así? ¿Por qué esta urgencia? Ah, ya
hacerme sentir pequeña, para recordarme que, según la narrativa de su padre, yo era una desesperada. Sabía que to
que ser esa mujer "enamorada" que él esperaba, porque era la única manera de mantener mi coartada si
en mis ojos, y luego volví a mirarlo-. Sí, he estado esperando. Y sí, estoy aquí
buscando una grieta en mi máscara. La tensión en
voz sonó un poco menos firme que
cia adelante-. Pero aquí estoy. Y no me voy
stre en el sue
que destruyas la casa, ni voy a permitir qu
urló de
hacer? ¿Me v
plan se formaba en mi ment
una ceja con incredulidad-. ¿Qu
prometo algo: no volveré a intervenir en tu vida privada. No me meteré en tus asuntos, no entraré en tu estudio sin avisar, y te dejaré el resto del d
ualquier rastro de burla en mi expresión, pero yo mant
e voz que mezclaba curiosidad y desprecio-. ¿Q
. Y al día siguiente. Y al día siguiente. No me voy a rendir. ¿Prefieres tener a una "acosadora"
na condición lo enfurecía, pero también parecía sopesar la alternativa. La idea de
casi para sí mismo-.
hombros-. Pero soy la loca que se ha in
nte, soltando un suspiro largo y c
ra batalla-. Trae la comida. Pero si intentas algo más, si intentas curar mi "alma" o darm
el alivio me recorría el cuerpo
girar la silla hacia el v
ir. No me gustaría que te resbalara
é la espalda contra la madera fría y cerré los ojos, exhalando el aire que no sabía que estab
medio de una guerra abierta, pero era algo. Damián Valdés era un muro de piedra, sí, pero a
yas. Mañana sería el verdadero desafío. Mañana tendría que volver a
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