mente. Damián dejó la copa sobre la mesa con un golpe seco. Una mueca de incredul
una mirada cargada de desprecio-. ¿Mi padre ha llegado tan lejos? ¿Ha contratado a una chica par
el cuello, pero no por vergüen
do cómo el corazón me golpeaba en el pecho-.
ntímetros de mí. Su presencia era abrumadora, una mezcla de alcohol, perfume
, mujer. Este lugar es un cementerio. Y yo soy el enterrador. Así que, a menos que tengas un motivo oculto muy
dije, apartando s
do, sorprendido por mi reacción. Sus oj
a un tono peligroso-. No sé qué te habrá prometido mi padr
o que tú mismo firmaste -mentí de nuevo, aunque no estaba se
o, apartando la m
apel. Ese papel no t
anza-. Porque si no fuera así, no estarías bebiendo solo
La mención de los viñedos había tocado una fibra sensible. Lentamente, volvió a girar la silla
-dijo con voz gélida-. Sal de mi vis
vaya, vas a tener que echarme tú mismo. Y me da la imp
rvaba como si estuviera decidiendo si romperme o ignorarme. El caos del encuentro, la tensión, el olor a vino y la atmósfera pesada de l
ar en su casa con un cubo de agua que, sospe
una fuerza física que desafiaba su condición-. No sé quién eres, ni qué demonios buscas aquí. Pe
la guardia-. Busco un lugar donde estar. Y, al
y una extraña, casi imperceptible, curiosidad. Luego, con un
que te trate como a una invitada. Para mí, eres solo un mu
l corazón se me calmaba poco a poco. Había sobrevivido al primer encuentro. Damián
ería a cobrar vida, y quizás, solo quizás, el primer paso para
/0/23838/coverbig.jpg?v=f6a04876e50555dd0e4ff95ae21c0ba4&imageMogr2/format/webp)