a más fresco, aunque el aire fuera cálido. La casa era aireada y garantizaba más
cualquier cosa que quisiera; por suerte, nunca fui muy materialista. Cuando era niña, eso era genial tratándose de juguetes; hoy no tanto, se volvió indi
padres éramos objetivos. Como una familia que defiende mucho el honor y su propio valor, la Tríada no dejaría eso pasar, nunca. Ese era el principal motivo del exilio
sombré de cuánto me había identificado con ella. El sentimiento egoísta fre
ese tiempo variaba; a veces eran cuatro o cinco meses, como también había pasado que transcurrieran solo dos; preferían no mantener una regla, pero casi siempre eran tres, y yo contaba los días en una agenda res
para mí era una posibilidad absurda; tenía que hablar con ellos por otro teléf
familiares. Creo que Isabella y Enrico nunca pensaron que su hija podría perder noches de sueño seguidas preocupada por si
nda y miré el conteo de días: un mes y algunos días más desde la última llamada, casi dos meses desde que hablé con mi madre por última vez.
ermitiría que ningún hombre se quedara a solas conmigo. Les habían pagado muy bien para no comentar sobre mi existencia con nadie y, aparentemente, cumplieron su palabra.
a diciendo que bajaría en seguida. Guardé todos los cuadernos en sus debidos lugares y bajé hacia l
de ello en un tatuaje en el antebrazo; mi abuela, en su collar largo que le llegaba al pecho con un colgante de cruz. Observé a la m
paz de aguantar aquel silenc
tuvieron más temprano y... -miré en dirección a él acusadoramente; él se dignó a
e. Aquello no pareció surtir el efecto que me gustar
tarías de nuevo... Son tus padres, después de todo. -La sonrisa compadecida
las empleadas, Maria, que traía el teléfono en la mano y se lo
ran todos los días no me importaría. Sin embargo, toda la emoción se fue cuando, al atender, mi abuelo sonó serio; irguió la espalda sin dejar traslu
e en cosas irrelevantes, como llevar el control de cuántas veces suelen
imona, quien entendió de inmediato y se levantó. Ambos salieron de la habitación y todo l
fue definitivamente por el desagüe. Lo que había ingerido dejó un sabor amargo en la boca y, para aliviarlo
eciera de vuelta; mi abuelo no la acompañaba... Traía el teléfo
o en la mesa entre nosotras, activó
hando. -Me pareció verla encogerse de
inua
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