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n voz gruesa el anciano-. De lo contr
se sobresaltó y se detuvo en la puerta de la oficina familiar. Había es
ada hubiese ocurrido. Pero al oír la palabra hijos, recordó que, en algún momento, pensó que tener un niño podría afianzar su matrimonio.
eo de sus suegros por ser abuelos, pero jamás imaginó que llega
ión se volvió fría, tensa; ya no se hablaban como antes. Raymond estaba casi siempre aus
d se acercó solo a sus padres, dejándola a ella de lado. Myriam notó que murmuraban entre ellos y desa
o, en el desp
centró en los balances de la empresa, sin apartar la vista de su padre. Sabía bien q
se haga cargo de la empresa, para que tú tomes vacaciones con Myriam... y engendres al heredero -propuso-. Llevan siete años
*
as de cumpleaños y los aplausos de l
Myriam al acercar
tomó la bolsa y
n heredero -expresó, mirándola fijamente a los ojos-.
ó, parpadeando
Eh... -
pareció e
icia, papá -masculló entre
sacó a su esp
m liberó el aire que ha
do, la fertilización... Quizá
n furia. Giró el rostro, des
todos sabrán de mi problema, y no pienso ser la burla de nadie -refutó, respi
rme de otro?" retumbó
y sintió que la sangre se le iba a los
so? -susurró, tratando
? -pregun
respondió ella, o
rario, buscaré una mujer que esté
podía creer lo que
una máquina de fabricar be
pujó a su esposo y pisó
? -gruñó Raymond-.
. Myriam no respondió. De pronto,
r abrir la boca para reñirla, ella bajó del vehículo, cerró la puerta con
ante. Alzó la mano y un taxi se detuv
*
. Lanzó las llaves al valet para que estacionara su BMW y entró
e alimentos Lennox. Tenía una fría mirada azul, piel clara y cabe
ntando coquetear con él. Gerald era atractivo,
tomó asiento. Comenzaron una partida de pók
ujer que te llevarás a la cama -propuso
ló, negando
ca, la mujer de la que creyó enamorarse. Suspiró al pensar
in. Los demás soltaron carcajada
d-. No volveré a caer en tus juegos,
whisky, mientras l
sa mujer que pasó cerca: cabellera o
vuelvas a divertirte esta noche -dijo, se
aso firme y elegante. No parecía una mujer de una noche, ni alguien que se prestara p
nos tragos. Al ingresar, varios caballeros habían centrado su atención en ella. Siempre captaba miradas. Sin
ras charlaban. Myriam le contaba la di
o Raymond le había hecho sem
er? -preguntó, bebi
el tequila de
ilización sea una opción -balbuceó, sin estar conv
te liberal, sonrió y
e apuesto y habría hecho un bebé -bromeó, señalando con la
onrisa apagada, mientras notaba cómo varios ca
nexpresiva de un hombre atractivo, de ojos azulados.
za. La idea de Elsa er
one. Ya lo intentamos... y mis ór
z entrecortada. Sentía que, de
igió al baño. Al salir, fue interceptada por un hombre muy apuesto y galante, quien
so. Pensó que, tal vez por los tragos que había ingerido, estaba viendo alucinaciones. Pero entonc
acercó a la mesa. El apuesto caballero la miró. A pe
l llegar al lujoso hotel, Gerald se dio cuenta de que la mujer se había quedado dor
a se le secó. Era una mujer hermosa, esbelta, d
ente en brazos. Pero, de pronto, vislu
á ca
lido de sus ojos se nubló al
rca de su pecho. Inhaló su aroma dulce, a violetas,
o. Las mejillas sonrosadas eran encantadoras, y el cab
rcharse en silencio cuando escuchó su
yas... te
ontró a la bella dama de pie. Se aclaró la garganta al ver cómo dejab
eñora. Deténgase -
o sin sentir tanta pasión..
su mente alucinada cre
con otro hombre. Y, frente a sus ojos, ella s
iato, pero no era un hombre que se aprov
í», se ordenó mentalmente. Salió de l
*
m. Frunció el ceño y abrió los ojos de golpe. Se llevó una mano al
y? -susurró,
as tiradas sobre la alfombra.
í misma. Parpadeó varias veces-
nada más. Se sobresaltó cuando escuchó el sonido del móvil. Se levantó, buscó el bolso y lo
gió Raymond al otr
ceó, buscando su vestido-
. Espero que le digas a tu amiga que
to. Miró a su alrededor. Buscó entre las sábanas y la mesa
que pudo haberse acost
abeza. Le dolía-. No pude haber traicionado a Ray
*
ó aliviada al encontrarla. Necesitaba saber si su ami
te habías ido a casa -dijo la ginecóloga-.
contó lo sucedido
una carcaja
ya sido muy at
fulminó co
ión antes que traicionar a Raymond -dijo, sintiendo un nudo en la garganta-. No
nció los
rió esa idea. No tendría por
ntar a su amiga con las co
e ese sujeto del bar tampoco re
ropa limpia para que se duch
*
. Ya se había estado preparando desde días antes de aquella noche confusa, y
, compró varias pruebas caseras. Siguió las instrucciones y, mientras
ue el estómago se le revolvía por los nervios. Cuando el reloj marcó el t
xclamó con inf
monio. Sin esperar más, se dirigió al consultorio de Elsa. Necesitaba que la revisara.
la fertilización... o de
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