ncia física, densa y asfixiante, que expandió las paredes del despacho hasta co
de su cuerpo, un contraste perturbador con la frialdad glacial de su mirada. Olía a maderas nobles, a un tabaco costoso y a a
ndo las capas de su falsa bravura con la precisión de un bisturí. Luego
rocedió de nuevo. Era una coreografía macabra, una caza silenciosa donde los roles estaban predefinidos mucho antes de que ella cruzara la puerta principal del edificio. Dante no l
sia chocó contra a
numental del p
s de un Milán que, en ese momento, parecía pertenecer a otro planeta. Frente a ella, el Tiburón. Dante apoyó ambas manos sobre el cristal
el abismo y su p
las, la textura de la sombra de su barba, la perfección cruel de sus labios. Su respiración, cálida y rítmica, acarició la piel sensib
tal helado a sus espaldas-. Esas fueron tus palabras, tesoro. Me ofreciste basura corporativa, acciones hundidas y las ceni
ban a llenarse por completo de aire, como si la presencia de Dante estuviera consumiendo todo el oxígeno en un radio de un kilóm
lo que significaba la libertad verdadera porque había luchado por ca
músculos a tensarse. Enderezó la espalda contra el cristal helado, clavó los talones en el s
cuerda tensa a punto de romperse pero negándose a ceder-. Y lo sostengo. Póngale un
nido oscuro, casi imperceptible,
a clavarse en sus ojos con una intensidad que la hizo jadear-. Es fascinante. Me recuerda por qué
mitiéndole una bocanada de aire viciado, pero
la de ejecución-. No quiero tu dinero. No quiero las propiedades de tu padre. No quiero tu galería. No me sirven para
disfrutando de la tortura
o pintoresco para la realidad: serás mi propiedad. Vivirás donde yo viva. Irás adonde yo vaya. Obedecerás cada una de mis órdenes, sin preguntas, sin duda
onstruosa, una aberración medieval envuelta en términos corporativos modernos. No le
el horror tiñendo su voz, au
euda de doscientos cincuenta millones de euros de Richard Thorne quedará cancelada. El gemelo de Marcus volverá a su dueño. Tu padre vivirá para contarlo, aunq
ño al hombre más peligroso y despiadado de Italia, un monstruo sin alma que la llevaría a una isla privada para hacer con ella
n real. Solo hab
urón que la había acorralado contra el cristal, esperando pacientemente a que la presa
o de su estudio, el sabor dulce y metálico de su libertad... todo eso par
lágrimas que se negó a derramar, pero brillaban con una determinación feroz y
rporativa-. Y recuerda, Alessia: obediencia absoluta. Durante tresci
a fluir, pero el despacho se sintió más frío y vacío que antes. Caminó de regreso hacia el monolito de ébano de su escritorio con una gracia flui
, impreso en papel de alto gramaje. Lo deslizó sobre la superficie de ébano ha
culo a obedecerla. Caminó hacia el escritorio con pasos lentos, cada clack de sus tacones de
. No mencionaba la isla, ni los detalles de la "asistencia", solo la transferencia de la tutela legal de la señorita Alessia Thorne
lo estaba sentado al otro lado del ébano
que delataba el terror puro que le recorría las venas. Apretó los dientes hasta que sintió dolor en la mandíbula,era su debilidad en
corta una extremidad para salvar el resto del cuerpo, Alessia Th
ó instantáneamente so
golpear el ébano sonó como el cerrojo de una
vida al Tiburón. Y cuando levantó la vista y se encontró con los ojos helados de Dante Ca
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