r. Su rostro mostraba la misma expresión severa de siempre,
terior-. A partir de hoy serás la sirvienta personal del Rey Alaric. Atenderás exclusivament
iendo cómo mi estómago s
silencio y, sobre todo, evita cualquier contacto físico o visual con él. -Su voz se volvió más grave-. Ya
de aquella mujer cayendo desde e
a -respondí con
s llevándole el
lo más lejos posible de ese hombre peligroso. Por ahora, cumpliría todas las regla
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la de estar y un despacho, todo decorado con un lujo sobrio pero evidente. Pronto descubrí que la habitación donde
tuosa, dominaba el espacio. Un baño de mármol se conectaba con un vestidor. Y la terraza... la terr
la mesa de la sala de estar. El Rey ya estaba allí, revisando
do a que terminara para poder retirar los platos. El silencio
artó los documentos y comenzó a comer. No dijo una palabra. Cu
zó mi nue
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ica era siempre la misma: yo llevaba las comidas, limpiaba las habitaciones,
an dos o incluso tres al mismo tiempo. La rutina era invariable: duraba un par de horas encerrado con
da su gloria desnuda- se convirtió en algo cotidiano. Ya no me so
vi llevar a una mujer a su dormitorio principal. Ese espaci
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s", Alaric me llamó a su despacho. Era la primera vez que me dir
sin levantar la vista de
rca de la entrada, con la
érc
se aceleraba. ¿Había hecho algo mal? ¿Era este el momento en
, me entregó una
con voz neutra-. Ya he ordenado que ingresen tu primer me
ldo? Había asumido que trabaj
as, señor. N
as las personas que trabajan para mí recibe
es, tiendas de comida, de lujos, de electrodomésticos... cualquier cosa que necesita
os míos. De repente, me agarró la muñeca con fuerza, no dolorosa
tu loba? -preguntó, sus ojos
notaba eso tan directamente. En mi antigua manada, simplemente
uve un trauma en mi niñez, cuando alguien asesinó a mis padres. Fue mal... y cayó sobre mí una maldic
ñeca-. Todos los lobos tienen una conexión c
encio, sin sabe
lmente-. Y disfruta tu
guna razón, había dejado de sentirme tan nerviosa en su presencia. Era inti
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antes de retirarme. Esperaba encontrar su habitual reunión de cuerpos desnu
año proveniente de su habitación principal. Un soni
él estuviera ausente y tuviera que limpiar. Pero algo en ese s
venció al miedo. Llamé suavemente a la puerta y
me dejó si
on sudor, y su respiración era irregular, casi jadeante. Su rostro, norm
on precaución-. ¿Está
mí. Había algo salvaje en ellos, algo primitiv
cular entre jadeos-. En la cena..
o -dije, girándom
su voz me paralizó-. No pue
vimientos torpes, sus múscu
-gruñó-. O perderé el c
erró alrededor de mi tobillo. El contacto env
z era apenas un susu
ndes recorrieron mi cuerpo con desesperación, arrancando gemidos i
rcejeando para libe
a a su toque, a su cercanía, a su olor embriagador. Era como si una
vez había verdadera súplica en
í cómo sus colmillos rozaban mi piel. Un
bre era un depredador, un monstruo que trataba a la
ración y reverencia que me dejó sin aliento. Cada toque enviaba ondas de calor a mi vie
i voz sonaba débil inclus
o vi algo más que lujuria en ellos. Vi vul
-, no sé qué haré. La droga... es poderosa.
sentir su excitación presionando contra
guntar-. Tienes docenas
o en mi cuello-. No puedo sentir tu loba... es como si no
omega maldita", la mujer sin conexión con su loba, la defectuosa. Y ahora
erpo y sus labios dejaban un rastro de fuego en
ntenerme firme y rechazarlo, arriesgándome a enfrent
y el tiempo se agotaba con cada
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