es del amanecer, limpiar, servir, agachar la cabeza y mantenerme invisible. Era buena en eso últi
taba las cicatrices que cruzaban mi cara, esas marcas que me recordaban cada mañana lo que h
llamada Sofía durante el almuerzo del tercer día. Era una
y seguí comiendo mi sopa. Sofía no insistió, pero se sentó a mi lado c
ndiendo sobre la manada Lican. La mansión no solo albergaba al Rey Alaric, sino también
. Luego está Lyra, la única mujer guardiana. Es letal, ¡puede arrancarte la cabeza con una sola mano! Después están los gemelos, Víctor y
s dignos de dioses, también eran fuente de información. Mientras amasaban
na-. Y una parte de la manada incluso tiene humanos que se han casad
adió otro chef-. Permite que todos vivan
orias. Algunos lo describían como un monstruo despiadado, otros como un gobernante justo pero inflexible
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en la cocina mientras yo fre
autoritaria-. Hoy te toca li
pasillos, salones, habitaciones de invitados... pe
el estudio y la sala de estar. Bajo ningún concepto entres en su dormitorio, ¿entendido? Solo yo o
se. Todas sabíamos lo que l
a -respondí con
medida que me acercaba, notaba cómo los pasillos se volvían más silenciosos, más lujosos.
te llena de libros antiguos y mapas detallados-, y finalmente la sala de estar priva
ndible sonido de cuerpos choc
n momento. El aroma a sexo, a lujuria desenfrenada, a dominación y sum
do cómo mis mejillas ardían
rovenían de la habitación. Los gemidos femeninos se mezclaban con gruñidos profundos, masculinos, que
una voz femenina suplic
tos de placer que me hicieron estremecer. ¿Cuántas mujer
a puerta se a
l Rey Alaric en tod
s metros-, con músculos definidos que parecían esculpidos en mármol. Su piel bronceada brillaba con una fina capa de sudor, y su cabello ne
nte y... ¡madre mía! Lo que colgaba entre sus piernas era pro
eno lejano-. Encárgate de que salgan
el pasillo y desapareció tras un
El Rey Alaric acababa de darme un
gantesca que ahora estaba completamente deshecha. Sobre ella, dos mujeres yacían exhaustas: una morena de cabello rojo
mezcladas con las de las mujeres creaban una
ntando que mi voz sonar
me miró con desdén y la morena simpl
ubia-. Cuando el Rey quiera que
nterior. Si el Rey regresaba y veí
cama y tiré de las sábanas con fuerza,
haces?! -chilló la moren
xtendidas, pero antes de que pudiera alcanzarm
to, con ojos verdes brillantes y cabello rojo com
saran nada, una bajo cada brazo, y salió de la habitación.
tación. Cambié las sábanas manchadas, recogí la ropa dispersa, limpié los fluidos de varias superficies (¿cómo habí
aromáticas estratégicamente y me aseguré de que todo estuvie
mocionalmente. Solo quería comer algo y
la boca cuando Amelia entró en el comedor del servicio.
ja-, pero a partir de mañana serás
de la mano, salpicando
tiendo cómo el color
-continuó Amelia-. Espero por tu bien
aban en mí. Algunas con envidia, otras con lástima, pero todas c
recordaba los ojos rojos
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