cómo sus piernas temblorosas lograron sostenerla mientras subía los tres pisos por la escalera mal iluminada de su edificio. Cuando final
de la mirada de plata de Alexand
sentía como una máscara de yeso a punto de resquebrajarse. Una vez sola, Elena no encendió las luces de la
anjado de una farola de la calle que se filtr
la vida de su madre. La joven cerró los ojos y dejó caer una única lágrima silenciosa. En ese rostro inocente vivía el fantasma del hombre que acababa de declararle la guerra. Leo tenía la mis
lo que
do al gato y al ratón en la gala; simplemente habría enviado a su ejército de abogados implacables para arrancar al niño de sus brazos. Con su poder absolut
a siguiente. El sol apenas comenzaba a te
a recoger sus pertenencias personales y algunos archivos antes de presentarse en la imponente sede d
ra tenía clases en el instituto. Sin más opciones, y con el corazón aún latiendo al
tobús-. Mamá solo tiene que guardar unas cosas en
entado en el suelo sobre una alfombra raída, completamente absorto col
as de café y libretas en una caja de cartón. E
ujo deteniéndose bruscamente frente al ed
ponente Rolls-Royce negro estaba aparcado en la acera. La puerta trasera se abrió, y de ella emerg
a venido en persona a supervis
fue un tsunami que arras
-escuchó la voz nerviosa del guardia de
tu miserable empleo -fue la respues
os, comenzó a resonar en las escaleras. Venía dire
n era diminuta. Un escritorio, un par de sillas, un archivador met
ebatándole los crayones con manos frenéticas. El niño
Ma
les. -La voz de Elena temblaba, pero forzó una sonrisa desesperada, acariciando la suave m
ban en el pasillo
o? -preguntó Le
el ninja más silencioso del mundo. Cero ruido. Cero pa
te y se llevó un dedo
la puerta de madera contrachapada, hizo a un lado unas escobas con olor a lejí
e pase -le rogó, besan
stante en que la puerta principal de la oficina de Nova
ra su escritorio, con el corazón golpeando sus co
abrigo de cachemira negra sobre los hombros y sus ojos plateados barrieron la penumbra del lugar con una mez
ras, su voz profunda resonando en las paredes delgadas-. ¿Acaso plan
se clavaron en la madera del escritorio a sus espaldas, a s
pondió ella, intentando que su voz sonara firme-. Mi horario comienza a las
uego otro, moviéndose con la gracia letal de una pantera. Su mirada escrutó
r se detuvieron abru
rada y sintió que
rayón azul a medio gastar. Y justo a su lado, asomando bajo el borde de la silla, est
denso, opresivo, cargado de
observando los objetos. Una arruga cas
ró él, y aunque su tono era casual, la sospecha afilaba cada síl
e desviar su atención. Tenía que alejarlo de ese lugar an
l frente, invadiendo el espacio personal del magnate. Quedó a centímetros
esperando enmascarar cualquier ruido-. De la gala de anoche. Materiales sobrantes
de Elena pareció tomarlo por sorpresa, pero lejos de enfurece
la apartaría con brusquedad. Pero en lugar de eso, él deslizó un d
ozaron la oreja de ella. El aroma a sándalo y poder la envolvió por completo-.
n leve roce. Un zapatito raspando contra un b
ate se tensó, girando la cabeza un milímetro hacia la direcci
gió, su voz volvién
r. Se interpuso físicamente e
r-. Este edificio es viejo y barato. Usted lo compró. Seguro las ratas vienen incluidas e
aba evaluando su reacción, buscando la fisura en su armadura. Elena sostuvo
, el CEO r
nvisible de la solapa d
einta minutos para presentarte en el último piso de la to
cina. Sus pasos resonaron por el pasillo y bajaron las escalera
ue él se había ido. Entonces, las piernas le fallaron. Cayó
illantes de miedo. Elena lo sacó de allí y lo apretó contra su pecho con una fuerza desesperad
oy. Pero la verdadera gu
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