tintineo de las copas de champán, los murmullos de la alta sociedad de la ciudad..
s de servicio, escapar hacia la noche fría y no detenerse hasta llegar a los brazos de Leo. Su instinto de supervivencia le gritaba que huyera, qu
osos que hace unos minutos alardeaban de sus fortunas ahora bajaban la mirada con deferencia. Las mujeres suspiraban y cuchicheaban tras sus abanicos, hipnot
un metro de ella, el impacto de su ce
que alzar el mentón para sostenerle la mirada. A sus veintiséis años, había aprendido a ser fuerte, a sobrevivir sola, a criar a un hijo con el sudor de su f
no lograba ocultar del todo, en la palidez de sus mejillas, en sus labios ligeramente temblorosos. Luego, su mirada descendió con una lentitud insultante, eval
as francesas. Ahora, la examinaba con la fría curiosidad de
-pronun
recorriera la espina dorsal. Era la primera vez en mil ochocientos veinticinco días que escuchaba esa voz dirigida h
ató su voz. Se obligó a enderezar los hombros y alzó la barbilla, aferrando su tableta
s labios de Alexander. Sus ojos se oscurecieron, transformándose del c
io medio paso más hacia ella, invadiendo su espacio personal. El calor que emanaba su cuerpo contrast
sintió que el aire se le atascaba en la garganta. La acusación de traición por la que él la había
itados que los observaban de reojo no pudieran escuchar el drama-. Realmente no esperaba verlo. Estoy traba
zo eco por encima de los murmullos del salón. Metió una mano
oria y los informes de mis asistentes no me fallan. Una agencia mediocre, al borde de la bancarrota, que depend
ancos. ¿Cómo sabía tanto sobre su empresa? El pán
nazando en sus ojos, pero se negó rotundamente a derramar una sola frente a é
bloqueándole el paso con la rapidez de un depredador acorralando a su presa. La proximidad e
cálido rozó la oreja de la joven, enviando una descarga eléctrica dolorosa por cada nervio de s
mareada por la mezcla de miedo y esa innegable y
é está
rándola con una suficienc
Clara, que observaba la escena desde la distancia, temblando como una hoja-. Pues bien, ese comprador soy yo. Acabo de adquirir el control mayoritario del banco que fina
gundo completo. Sus pulmones se paralizaron
con la voz ahogad
áscara de hielo-. Creíste que podías traicionarme, venderme a mis enemigos, robarme y luego simplemente desaparec
en un hospital público y asustada. Quiso escupirle a la cara que tenían un hijo juntos. Pero el rostro de Leo apareció en su mente, y el terror la amordazó. Si este hombre, este monstruo frío y rencoro
la, rindiéndose, con la voz rota y los ojo
ena como hierro al rojo vivo, le apartó un mechón de cabello sue
punto de la mañana, eres mi asistente personal. Estarás en la sede de Volkov Industries. Estarás a mi entera disposición
a y, sin añadir una palabra más, se dio la media vuelta, dejándola
abía alcanzado; acababa de enc
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