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Atada al Alfa por contrato

Capítulo 5 La firma y la mudanza

Palabras:1595    |    Actualizado en: Hoy, a las 00:57

casa. Mi antigua habitación, aquel santuario de tonos pastel y luz cálida donde había crecido y soñado con un futuro brillante, parecía ahora la escena d

o de seda hecho un nudo entre sus manos temblorosas. Mi padre ni siquiera había cruzado el umbral; permanecía apoyado contra el marco

con la voz rota cuando cerré la última crema

isa que me destrozó por dentro-. Trescientos sesenta y cinco días. Pasar

ón suiza, dos faros cegadores rasgaron la oscuridad de la calle, proyec

del sedán negro con el mismo paraguas enorme, su rostro inexpresivo como el granito. No ofreció una sola palabra de consuelo a mis padres, ni un saludo de cortesía.

e. Fue un abrazo cargado de un dolor tan denso que amenazaba con aplastarme. Cuando me solté y me subí al asiento trasero

financiero, luego los postes de luz de los suburbios, hasta que la civilización quedó reducida a un recuerdo distante e

ura, entrelazando sus ramas en la parte superior para bloquear cualquier atisbo de la luz de la luna. El bosque era antiguo, salvaje y profundamente intimidante. A través del cristal tintado y empañad

y bosque oscuro que había notado antes. Elias conducía con una precisión casi inhu

a revelar una imponente verja de hierro forjado, rematada con púas afiladas. Las enormes puertas se abrie

cielo tormentoso. Sus ventanales, altos y estrechos, parpadeaban con una luz amarillenta y mortecina, dándole el aspecto de una bestia vigilante de mil ojos. No había jardines coloridos ni fuentes decorativas. El

he, el viento helado de la montaña me golpeó el rostro, trayendo consigo e

a más de mi humanidad. Las inmensas puertas dobles de roble ma

hierro forjado colgaba del centro, arrojando una luz tenue sobre los suelos de madera oscura que crujía

ra era recta como una vara, vestida con un uniforme oscuro e impecable. Su cabello gris hierro estaba recogido en un moño tan t

Soy la señora Groves, el ama de llaves de la residencia. El señor Blackwood ya ha sido informado de su llegada. Él s

tener la barbilla en alto, aunque me sentía minúscula en medi

strar un ápice de empatía por la joven

. Su espacio ha sido preparado en el ala oest

as siniestras. Pasamos junto a puertas cerradas y muros adornados con tapices antiguos y cuadros de paisajes oscuros; cur

, según la señora Groves, marcab

tonos granate-. Las sirvientas limpiarán sus aposentos por la mañana. Sus comidas serán servidas en el comedor menor de esta ala, o en sus habitacione

uerta de madera tallada y la ab

e terciopelo burdeos dominaba el espacio, frente a una chimenea de piedra donde ya crepitaba un fuego recon

decir una palabra y salió de la habitación, d

os grises se clavaron en los míos, y por primera vez, vi algo que

tigua y el bosque... el bosque es salvaje. Si escucha ruidos por la noche, si oye movimientos fuera de su ventana o pasos en el techo... no investigu

qué demonios se refería, cerró la p

nso ventanal de la habitación. La lluvia golpeaba el cristal, y más allá

ente contra el vidrio frío

o, ni el trueno

se erizara. No sonaba como un coyote, ni como un perro abandonado. Era el grito de una bestia inmensa, un lamento

ana. La señora Groves tenía razón. El bosque era s

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Atada al Alfa por contrato
Atada al Alfa por contrato
“La prestigiosa familia de Luna lo ha perdido todo. Al borde de la ruina absoluta y la deshonra, su única salvación es un trato con el diablo: Silas Blackwood. Multimillonario, despiadado y el hombre más frío de la ciudad. Lo que el mundo no sabe es que Silas es también el letal Alfa de una poderosa manada de cambiaformas, y necesita una esposa humana como fachada para asegurar una alianza política vital para los suyos. El contrato es simple: un año de matrimonio falso. Reglas estrictas. Cero sentimientos. Silas odia a los humanos con cada fibra de su ser, y no pierde oportunidad para demostrarle a Luna el desprecio que le tiene. Sin embargo, convivir bajo el mismo techo desata una tensión insoportable entre ambos. Detrás del odio y las provocaciones constantes, arde una atracción prohibida que desafía el autocontrol del Alfa y que empuja a Luna hacia un mundo sobrenatural del que no sabe nada. Pero el verdadero caos apenas comienza. La constante cercanía con el aura dominante de Silas actúa como un catalizador en la sangre de Luna. Extrañas habilidades comienzan a manifestarse en ella, poderes antiguos que ni los lobos más sabios logran explicar. Luna no es la simple humana frágil que todos creían. Es algo mucho más poderoso, y quizás, mucho más letal. Con los secretos de la manada al descubierto y los ancianos exigiendo la cabeza de la "abominación", Silas se enfrenta al mayor dilema de su vida: destruir a la mujer que amenaza la existencia de su especie, o proteger a la humana que su lobo interior ha comenzado a reclamar desesperadamente como su compañera predestinada.”
1 Capítulo 1 El eco de cristal roto2 Capítulo 2 El peso de un apellido3 Capítulo 3 En la guarida del lobo4 Capítulo 4 Los términos del contrato5 Capítulo 5 La firma y la mudanza6 Capítulo 6 La primera noche7 Capítulo 7 Territorio hostil8 Capítulo 8 El anuncio público9 Capítulo 9 El contraste10 Capítulo 10 La advertencia del Beta11 Capítulo 11 La boda falsa12 Capítulo 12 El roce accidental13 Capítulo 13 La luna de miel de negocios14 Capítulo 14 La fiebre15 Capítulo 15 El toque curativo16 Capítulo 16 Confusión Alfa17 Capítulo 17 La rival18 Capítulo 18 Instinto protector19 Capítulo 19 El ataque en el bosque20 Capítulo 20 El primer destello21 Capítulo 21 Silas al rescate22 Capítulo 22 Interrogatorio23 Capítulo 23 La investigación en secreto24 Capítulo 24 Acercamiento peligroso25 Capítulo 25 Casi un beso