ristal del escritorio sonó como el ce
e la mano derecha, donde la piel aún me escocía como si hubiera tocado un cable pelado. Levanté la vista hacia Sil
jara bajo la impecable tela de su traje. La furia en su rostro era absoluta, pero detrás de ella, en el fondo de esos
uptor interno, la bestia enfurecida se replegó y el témpano de hielo regresó. Se al
ciones-. A partir de este segundo, la deuda de Arthur Sterling está saldada y los embar
abras debían traerme, sentí un nudo de
la voz firme-. Cumplí mi parte. Ahora, supongo q
distancia prudencial entre nosotros, como si temiera que yo estuviera cubierta de veneno. Se
erling. -No fue una in
ero negro frente a él. Estaba tan rígid
teatro -comenzó Silas, cada palabra afilada como un bisturí-. No tolero el caos, no tolero la desobediencia y, po
formar parte de su vida -repliqué, irguiendo la espalda. No
sta de cualquier calidez, cu
que no tengamos que cruzarnos jamás si no es estrictamente necesario. Se le asignará el ala oeste de la casa. Usted comerá, dormirá y pasará su tiempo allí. Mi territorio es el ala este y el
gigante de su mansión sonaba solitaria, pero infinitam
ea invisible. ¿Qué más? -pregunté, inye
s se entrecerrar
ota y perfecta. Sonreirá cuando yo se lo indique, hablará solo cuando se le pregunte y mantendrá la ilusión de un matrimonio sólido y respetable. El departamento de
ordarme mi lugar como un simple objeto transaccional. Tr
amigos, mis estudios, mis salidas. ¿Pretende tene
nó ligeramente
bienvenida. El bosque de Blackwood es propiedad privada y cuenta con un perímetro de seguridad que nadie, sin mi autorización expresa, puede cruzar. S
o. Las palmas de mis manos golpearon el escritorio de cristal-. ¡Usted c
ambas manos sobre el escritorio y acercando su rostro al mío. Su tamaño y su presencia amenazante me hi
contacto físico. Jamás. Bajo ninguna circunstancia se acercará a mí, no me tocará y no intentará buscar ningún tipo
mi mente. Él estaba aterrorizado por eso. ¿Por qué? ¿
ándome de brazos-. Prefiero abrazar un bloque
s me miró fijamente. Sus pupilas parecían dilatarse y contraerse de forma errática. Podía escuch
esionó un botón en el inter
-ordenó
stante y el asistente de aspecto rud
darle la espalda para mirar hacia el ventanal manchado por la lluvia-. Tiene hasta la m
oco aire que me quedaba se esfumaba-. Necesito ti
ignarse a mirarme-. A la medianoche, su antigua vida termina.
pared de granito. Apreté la mandíbula hasta que mis dientes rechi
aba. Antes de salir de aquel despacho opresiv
ortada contra el cielo tormentoso de la ciudad. Parecía el dueño
lackwood -dije, mi voz cargada de to
ho, y las pesadas puertas se cerra
smo de piedra, sus ojos ambarinos clavados en la carretera,
ciudad, el lugar donde había soñado con construir mi propia empresa, donde había imaginado enamorarme
es, ecos de una vida normal que ya no me pertenecía. Iba a tener que mentirles a todos. Iba a tener que inventar una historia de amor
que me había doblegado. Creía que con su dinero y sus amenazas me había convert
quiv
y si iba a adentrarme en la guarida del lobo, no iba a hacerlo como un cordero asustado. Iba a so
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