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Arruinando al Alfa: La Venganza Definitiva de la Compañera Rechazada

Capítulo 4 

Palabras:737    |    Actualizado en: Hoy, a las 09:26

vista d

etros de altura er

mi Gulfstream, que actualmente estaba confiscado en Kansas

pa. Era un Dom Pérignon d

esa vibró. Llevaba

perdidas de Alejandro. 12 de Car

s y marqué un n

División Legal. ¿En

iniciando un Rechazo por Cláusula 7

ión al Suministro". Usualmente, era el macho quien rechazaba a la hembra por infidelidad. Er

ngelará todos los activos asociados con

e los papeles del divorcio le sean

taremos una razón

Y... -hice una pausa, mirando las nubes p

o "Diferencias Irrec

. Eje

lg

un dolor agudo me

l vín

ruptura mágica. El hilo dorado que conectaba

o, como si me arrancaran una parte de

de nuevo. Un mensaje

reservación. Dijeron que la tarjeta de crédito registrada fue re

escribí una

el Vínculo Menta

davía intentaba bloquearme,

¿Dónde estás?*, su v

sorbo de

ento con claridad, atravesando su estática menta

e carga! Escúchame, envía dinero. Brenda está l

o*, dije. *Pero incluso si lo

a! ¡Eres la Luna!

o al banco para que marque todas las transacciones desde tu ubicación como fraudu

a volver a casa?!*, el mie

res un lobo, ¿no?

amá está enferma. Ne

. Ah, espera. Brenda es una renegada.

orde

, Alej

isualicé el hilo d

do. Feo. Manchado

n de un par de t

as

ico. Una onda de choque de aire estalló

olesta de Alejandro en el fondo de mi mente -sus

silencio herm

que no sabía que

nillo de diamantes, el símbo

o qu

eliminación de basura, usu

el anill

la basur

voz del piloto sonó p

nuestro descenso a Los Cabos. El Sa

ias -

última vez. Abrí la

iva Manada Vil

do Elena Garza: $9

é la p

a. Y por primera vez en

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Arruinando al Alfa: La Venganza Definitiva de la Compañera Rechazada
Arruinando al Alfa: La Venganza Definitiva de la Compañera Rechazada
“En la pista de aterrizaje, el viento era frío, pero el rechazo de mi esposo era glacial. -No vas a subir al jet -dijo Alejandro, ajustándose las mancuernillas de diamantes que yo le había regalado. Señaló las escaleras donde su amante, Brenda, estaba parada con un vestido de seda que yo había mandado a hacer para mí. -Brenda es muy delicada. Necesita la comodidad de la cabina privada. Te reservé un vuelo comercial. Sale en tres horas. Me metió un sobre en la mano. Clase turista. Asiento de en medio. Dos escalas. Ahí estaba yo, la Luna de la manada, recibiendo órdenes de volar como si fuera carga mientras una renegada ocupaba mi lugar en el Gulfstream G650 que *yo* había pagado. Mi suegra incluso se metió, aferrando la bolsa de diseñador que le compré, diciendo que mi "energía de sanadora" era demasiado estresante para su preciosa invitada. Alejandro bloqueó nuestro vínculo telepático, tomó la mano de su amante y la puerta se cerró en mi cara con un siseo. Él creía que era el Alfa. Creía que tenía el poder porque yo lo había dejado jugar a serlo durante cinco años. Pero se le olvidó un pequeño detalle: su nombre no estaba en el fideicomiso. Mientras el jet se alejaba, no lloré. Saqué mi celular y marqué el número de mi banquero personal. -¿Doctora Garza? -Cancela el plan de vuelo -dije, con la voz firme-. Revoca su autorización. Inmoviliza el jet en la primera parada para recargar combustible. Y corta las líneas de crédito. Todas. -¿Todas, señora? ¿Las cuentas de la manada? -Todo -susurré, viendo cómo el avión se elevaba-. Vamos a ver cómo sobrevive el Alfa sin mi cartera.”
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