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Arruinando al Alfa: La Venganza Definitiva de la Compañera Rechazada

Capítulo 3 

Palabras:838    |    Actualizado en: Hoy, a las 09:26

vista d

solía ser mi dormitorio matr

e unen, donde duermen, donde son más vulnerables. Entrar en la Guarida de otro

or. Me cubría la ga

todas partes. Estaba en las co

fuerte e

n dosel. Yo había elegido esas sá

abello rubio

imida durante cinco años para que Alejandro se sintiera f

ó en mi mente.

ue me lo dije

esquina de

diez hombres humanos. Pero en este momento, impulsada por la furia de

arranqué el pesado colc

rré las almohadas. El

al jardín delantero. Los abrí de una patada.

trelló en el césped impecable tres pis

ohadas. Luego

ación. La puerta del cl

ndro estaba a la izquie

ente en mis ganchos, había ropa bara

de leopardo. Abrigo

sitado; había comenzado el proceso de re

a. No me molesté con l

ré. Revoloteó hacia abajo

onios está

vuelta br

imena. Se había quedado en casa y no había ido a la

e papitas, con la bo

o -dije f

andro! ¡No puedes tirar cosas por

puerto de Kansas comiendo galletas de una máqu

ro y yo el día de nuestra boda. Él se

lev

ue eras inestable. Brenda va a ser una Luna m

que yo pagu

lfombra, así que la aplasté bajo mi tac

baja, vibrando con un gruñido que h

e órdenes! ¡Mi h

lo que no puede permitirse -espeté-. ¿Y esta casa?

a pal

rto. Es la Cas

e, avanzando hacia ella-. Yo la compré.

e del tocador: el spray de

dejé caer. Se estrelló en e

hice algo

a luz azul suave y ca

de sangre que había ocultado. La

. Era el Fuego de la Purificación. Era una habilidad

na g

ué e

te, devorando la tela y el olor de la intrusa, sin dejar nad

cansó de ser

ión vacía y cub

zada-, que si quiere recuperar su Guarida, pued

on el suyo con la fuerza suficiente

avión q

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Arruinando al Alfa: La Venganza Definitiva de la Compañera Rechazada
Arruinando al Alfa: La Venganza Definitiva de la Compañera Rechazada
“En la pista de aterrizaje, el viento era frío, pero el rechazo de mi esposo era glacial. -No vas a subir al jet -dijo Alejandro, ajustándose las mancuernillas de diamantes que yo le había regalado. Señaló las escaleras donde su amante, Brenda, estaba parada con un vestido de seda que yo había mandado a hacer para mí. -Brenda es muy delicada. Necesita la comodidad de la cabina privada. Te reservé un vuelo comercial. Sale en tres horas. Me metió un sobre en la mano. Clase turista. Asiento de en medio. Dos escalas. Ahí estaba yo, la Luna de la manada, recibiendo órdenes de volar como si fuera carga mientras una renegada ocupaba mi lugar en el Gulfstream G650 que *yo* había pagado. Mi suegra incluso se metió, aferrando la bolsa de diseñador que le compré, diciendo que mi "energía de sanadora" era demasiado estresante para su preciosa invitada. Alejandro bloqueó nuestro vínculo telepático, tomó la mano de su amante y la puerta se cerró en mi cara con un siseo. Él creía que era el Alfa. Creía que tenía el poder porque yo lo había dejado jugar a serlo durante cinco años. Pero se le olvidó un pequeño detalle: su nombre no estaba en el fideicomiso. Mientras el jet se alejaba, no lloré. Saqué mi celular y marqué el número de mi banquero personal. -¿Doctora Garza? -Cancela el plan de vuelo -dije, con la voz firme-. Revoca su autorización. Inmoviliza el jet en la primera parada para recargar combustible. Y corta las líneas de crédito. Todas. -¿Todas, señora? ¿Las cuentas de la manada? -Todo -susurré, viendo cómo el avión se elevaba-. Vamos a ver cómo sobrevive el Alfa sin mi cartera.”
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