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ano de Elisa de la Paz estab
tra su palma, un reflejo perfecto de cómo se sentía su
feliz
, antes de que se convirtiera en la pobre pupila de la familia Cuellar. No eran solo sus tutores; eran los férreos administradores de la herencia de los P
algún punto entre el aperitivo y el momento en que Anselmo C
más que feliz. S
taria de Elisa. Su mano descansaba en la cintura de Claudia, sus dedos extendidos con posesión contra la tela blan
a pesada música orquestal y se alojaba dir
saba cuando se burlaba de los z
, chocando contra el hombro d
su copa, empapando el corpiño de su
aridad, y torció el labio en una mueca de desprecio antes de segu
es. Necesitaba aire. Necesitaba no estar aquí, viendo al chico que tenía las llaves de su jaula dorada anunciar su compromiso con la chica q
hacia la biblioteca, man
la hacienda Cuellar donde Elisa alguna vez se había sentido segura. Cerró la pesada puerta de r
puerta giró
lmo. Esperaba que entrara y le dijera que dejara de hacer escándalo, que son
ue llenó el umbr
tenue de la habitación. Era más alto que Anselmo, más ancho, con u
ro Ga
Industrias Gastélum, el hombre más poderoso de la ciudad, no se
. Tomó nota de la mancha de champán en su vestido, de las manchas rojas en sus mejill
que lo hacía parecer una estatua tallada en granito
uerta, sellando el
un pañuelo. Era seda blanca, doblado en un cua
fijamente. "Yo
oz era un gruñido bajo, vibrando en
seda. Una descarga de electricidad estática estalló entre ellos
limpio, como lluvia sobre pavimen
se filtró a través de la gruesa ma
osa prometida
sico en la parte de atrás de las rod
peó el
ara un hombre de su tamaño. Un momento estaba a tres pies de distancia
tenía sin esfuerzo, su brazo como u
o sus rasgos, pero podía ver la intensidad en sus ojos. No la
lejos,"
ca desesperada, nacida del desamor y el instinto repentino y abrumador de que
cambiando de marrón a algo casi negro. La miró, ev
ó. Su voz era baja, áspera en los bordes. "Si sale
e derramaban ahora, surcos calientes sobre s
io escondida detrás de un tapiz. Movió su cuerpo para protegerla de la
gro mate y elegante estaba en marcha en la acera,
a cuero y aislamiento. Él cerró la puerta de golpe, y el silencio f
ra de cristal en la consola central. No pensó. Solo v
hasta su estómago vacío, enc
No la miró. Agarró el volante con tanta f
strando ligeramente mientras el alcohol gol
ar," dijo
de neón. Elisa se sentía mareada, desanclada. El alcohol se mezclaba
Era el papá de Xóchitl. E
palabras saliendo a borbotones. "Ne
espejo retrovisor. Su
aje en el elevador fue un borrón de mareo por movimiento
a. Sus manos en sus brazos se sentían calien
ura del vestíbulo, no parecía
conmigo,
ue siguió fue
o casarse con cualquier otro... esa era la laguna en el testamento de su padre. Era su única cláusula de escape. Era el instinto de
ió eléctrico, cargado con una tensión que hizo
le dijo que es
intura. Tecleó un código, los pitidos fuertes en la habitación
ella y colocó el papel s
e, pero cargaba el peso de un ma
car el papel. Las palabras nadab
lmo supiera que se había ido. Quería quemar el puen
desordenada, una garabato ir
o," s
y repiqueteó sobre el mármol. La
ola de nuevo, levantándola en sus brazos mi
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