y
retera hacia el Da Vinci College estaba tan bulliciosa como siempre: estudiantes arrastrando maletas, co
imer día de un nuevo semestre siempre se sentía c
vez... no
ado-algo que no sabía nombrar. Ni siquiera el aire corta
-la voz de Nate, mi conductor
equeño ase
ás bajar como si fueran dueños del lugar. Algunos con chaquetas de cuero, o
a cabeza baja y llegar a cl
smo, una y otra vez. Un río helado. Una mano pequeña aferrá
y el sudor frío recorriéndome el cuello. Pero
uso anoche se aferraba a mí como
uevo semestre. O quizá... una
rquitectura. Me apunté como optativa porque decían que el profesor era tra
poyar el codo. La mayoría de las veces usaba los libros como escudo-fin
upado est
té la
encionada. Piel morena y cálida. Y sus ojos... gris plateado, afilados pero no amenazantes.
y se
tes de que llegara el pr
res con los tallos cur
pulso se me disparó, como si una alarma
-mi voz
a pequeña
na supo
una
mpre haces suposiciones a
con naturalidad-. Me
yl
a pequeña descarga eléctrica subiéndome por el brazo. La piel me horm
eza no estaba en clase. Las palabras de
lgo que solía
d, cabello canoso, voz suave pero con suficie
a», hablando de Frank Lloyd Wright y de cómo lo
o mis pensamientos volvieron a desviarse, al rí
rita
a cabeza
att me mirab
la relación entre interior y exterior
quedó en b
zá... mucha
das las mira
tt con educación-. Aunque podría
nclinó hac
ermite,
e hizo un gesto p
e la Cascada utilizó piedra local y hormigón, creando terrazas que imitaban las formaciones rocosas junt
or Wyat
sta excelen
Callaha
or Callahan.
os juntos. Bajo un arce,
ahí dentro, la forma
gió de
ructuras. Las formas. Tienen sent
na risa
e la gente. La arquitectura parece... una forma de red
, quizá demasiado. Me inquietaba, pero al mism
otra voz
yl
g
protectora de chaqueta de cuero
rrió a River d
qué quieres
despacio, tan cal
tábamos
Un estudiante de arquitectura acercándose
so
t? Literalmente
me i
ntenciones. Me import
no se
í para hacer
tando entre ellos como electricida
Ni siquiera sé quién soy realmente todavía, así que déjam
ero no dijo nada. Sus ojos, sin e
gué el bolso al hombro y me al
s pasillos, las manos temblándome por
me miraba. Por la extraña fam
o sobre las flores. Todo se sentía... demasiado cerc
nocía. Yo era Ayla. Esa er
pensaba en su mirada oía una voz
digas
reflejo en las puertas
.. había vivido otra
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