“Por fin logré que firmara los papeles del divorcio. Cree que se trata de otro contrato más. Lo nuestro siempre fue un trato. Yo, su asistente de día; su esposa fantasma de noche. Él se coronó como CEO y le dio la espalda a su madre. Yo, a cambio, conseguí la plata que necesitaba para mi mamá. ¿La única condición? No meter el corazón. Y vaya que metí la pata. Yo sí me enamoré. Él, cero. Así que me estoy largando. Treinta días más y desaparezco. Pero justo ahora empieza a notarme. Me roza. Me marca como suya. El tipo que solía alardear de sus novias, de repente arma un escándalo en un antro porque alguien se atrevió a lanzarme un comentario. Dice que jamás me va a dejar. Pero no sabe que ya tengo un pie fuera de la puerta. ¿Hasta dónde llegaría un millonario para retener a una esposa que ni siquiera valoró. hasta que estuvo a punto de perderla?”