consigo, pero, curiosamente, acabó con el
ante que bañaba la ciudad con su calor. Buscó a tientas el móvil y marcó el número de s
reluciente deportivo rojo fre
las gafas de sol de un tirón, con los ojos desorbitados p
ebilidad mientras se dejaba caer en el cómodo asiento, y le contó lo sucedido con
clamó su amiga, cuyo temperamento se encendió al instant
credulidad y la ira. "Si no fuera por tu brillantez, Bruce seguiría perdido. ¿Es que es tonto o simplemente un caradura? ¿Cuántas veces s
ina, parece que no estoy destinada a tener una vid
amiga, su expresión se suavizó y frunció el ceño,
Ya no hay motivo para estar triste", respondió Corina suavemente. Esbozó una sonrisa
a piel, que ardía, y soltó una maldición por lo bajo.
nvadía la rabia al pensar en la
s negocios de Lyhaton, ¿quién ideaba sus planes y estrategia
itaban, pero la desecharon
r cuánto tiempo aguantarí
remitir, Corina se despert
habitación, bañada por una luz artificial, y un penetr
a poco, lo que la impulsó a observar su entorno. Sus ojos se posa
etara las sábanas con la mano y, con la vo
a frente. Al no notar fiebre, exhaló un suspiro de alivio. Tomó un vaso de agua tibia, s
beza, con un movimien
ta de las facciones demacradas de Corina. Su mandíbula se tensó, u
ue ella había soportado y una furia silenc
r la tormenta de su interior y preguntó
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