Bajo la Piel del Lobo
era absoluto, roto solo por el zumbido casi imperceptible del sistema de filtración de aire de última generación. Sofía caminaba sobre la alfombra de lana virgen, sintiendo que s
onal, una mujer tan gélida que Sofía se preguntó si también tendría un secreto
sarias -le había advertido la secretaria personal antes de señalar l
ina que usaba como parte de su disfraz de "ratón de bibiel Volkov estaba de espaldas, observando la ciudad. Llevaba un traje azul medianoche que encajaba perfectamente en sus hombros a
una baritona profunda, con una vibración que pareció reson
s envió los informes del cierre de ayer en Londres. Pe
miendo por dentro. Sus ojos de periodista empezaron a escanear la habitación: el escritorio despeja
, Gabrie
cerca de lo que sugerían las fotos de Forbes. Tenía facciones angulosas, una mandíbula que parecía tallada en granito y unos ojos de un azul tan claro que r
embargo, el impact
había perseguido en Central Park la noche anterior -ese jazmín eléctrico, esa esencia de tierra después de la lluvia- lo golpeó con
u
Cada instinto en su cuerpo le gritaba que saltara sobre el escritorio, que la rodeara con sus brazos, que hundiera el rostro en su cuello y marcara su piel para que todo el mun
lemente. Sus nudillos se tornaron blancos. Tenía que respirar, pero cada bocanada de aire solo traía
ien? -preguntó Sofía, dando un
el cerró los ojos un segundo, luchando por contener la transformación parcial que sentía
ca de lo habitual, casi como un gruñido contenido-. Sol
, se encendieron. No creía lo del dolor de cabeza. Había visto la expresión de Gabriel: no era dolor
aba la carpeta sobre el escritorio. Al hacerlo,
mo una descarga de
vientre. No era una reacción lógica. Ella no creía en la química instantánea, y mucho menos con un hombre al que consideraba un posible criminal vinculado a la ruina de su famili
rapar su mano y atraerla hacia él. El roce había sido suficiente para que su lobo
r su máscara de hierro. Sus ojos volvieron a enfocarse en ella, a
a asistente asignada para el proyec
s archivos de personal en ese momento. Gabriel se obligó a sentarse, poniendo el escritorio como una barrera física
mblor-, ¿qué la trae a Apex Capital? Con un currículum como el suyo, podría est
interrogatorio. ¿Había descubierto algo ya? Se obligó a sonreír,
mbre que define el mercado. Si quiero aprender d
Había una capa de engaño, sí, pero bajo ella había una determinación feroz y... ¿tristeza? Sus sentidos sobrehumanos captaron el
estruirla si era una espía industrial o una amenaza para la firma. El Alfa solo querí
de pila por primera vez. El sonido de su nombre en sus labios la hizo estremecer-
instintivo que este hombre le provocaba, su resolución no flaqueó. Él podía
olkov. Soy mucho más res
no llegó a sus ojos, pero que mostró un
ntenga su teléfono encendido. A parti
haló un aire que no sabía que estaba reteniendo. Sus manos temblaban. "Céntrate, Sofía", se reprendió. "Es solo un hom
omperlo, pero sí para dejar una marca. Su lobo estaba inquieto, arañando las paredes de su autocontrol. Había encontrado a su Luna.
ismo, mientras sus ojos destellaban un ámbar momentáne
ta vez, el depredador no estaba seguro de si qu