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La Esposa Indeseada del Rey de la Mafia Resplandece

La Esposa Indeseada del Rey de la Mafia Resplandece

Autor: rabbi
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Capítulo 1 

Palabras:1581    |    Actualizado en: 05/01/2026

a hacia el altar. Desabrochó su pesado cinturón de

nder a respetar

desastre sangriento. Todo porque su amante, Sofía, me había

dudó. Solo quería castigar a la e

mi piel, no grité. Solo con

n se lanzó al lago congelad

ien recibió una navaja po

de Sofía, que ell

sangrado por él. Y a cambio, me marcó pe

etas, firmé los papeles del divorcio y juré

o las tablas del suelo. Leyó la verdad sobre quién lo salvó real

el concurrido vestíbulo de un hotel y me

re que me ro

amián -dije suavemente-. Porqu

ítu

e vista

a me atravesara el cráneo fue la voz de m

milia Villarreal -les dijo a mis s

línea s

tí el

ez años de amor no correspondido di

de un aire que olía a sándalo y whisky

e abrieron

na bodega atad

enda Villarreal, mirando el familiar techo

o descansaba s

con

n martilleando contra mis

arreal dorm

a. Era el segundo al mando del Cártel del Norte en Monterrey, un hombre que había ma

re que acababa de s

, dentro d

j digital en la mesita de noche.

s años en

a perfecta de un narco. Seis meses en los que intenté que me viera como algo

andíbula afilada, las pestañ

amor surgiera, p

cho. Ninguna urgencia

ío y hueco donde so

nté su pesado bra

en sueños. Su mano se disparó, agarrando mi

ra áspera por el s

Me habría acurrucado de nuevo junto a él

en mi muñeca como

año -

provista de la calide

la vuelta, ignor

ta con seguro, apoyándome en

en el

is ojos brillaban, aún no apagados por añ

de mármol hasta que mis n

ir en esa bo

gando afecto de un hombre que me cambiaría

, frotando para quitar la sen

con una blusa de seda negra y pantalones, una arm

ma, frotándose la cara. Miró m

na -dijo, con la voz pas

-d

spendida en el aire

había dic

ojos, el sueño desap

Otro berrinche porque a

-dije, tomando mi

n qu

icenciado

ecía de humor. -¿El consejero? ¿Por qué necesit

egir un er

ré su r

n, dejando la puerta

niebla de la madrugada reflejando l

fluorescentes. Había sido el consejero de mayor confianza del vi

ie cuando entré-. ¿Está todo

ije, cerrando la puerta-. Necesit

undido. -Por supuesto. ¿Qué necesitas? ¿Un ajuste

de separac

de Morales de

ojos desorbitados

abras con cuidado-. Eres una Villarreal. N

nterrumpí, mi voz afilada-. Y e

sto -advirtió Morales-.

su advertencia-. Deja claro que no quiero nada. Ni p

la voz a un susurro-, y Damián se ente

ad de esas palabras resonando en la silencios

na hora, el chasquido de las teclas

resora

tibio sobre el es

a? -preguntó

la

d

mi n

na G

illa

a oficina se abrió de golpe, rebotando con

allí, llenan

staba deshecha, su pecho subía y ba

abitación con una autoridad aterradora-. ¿Te vas de mi cam

o y me arrebató el pap

el tí

se volvie

usurró, el sonido bajo much

e* me miró, por pr

Esperaba ver una treta

uertos de una mujer que ya lo hab

o, Dami

, sus nudillos tensos-. ¿Crees que puedes s

storbo -respondí con calma-. Est

nvadiendo mi espacio personal con su abrumadora presencia-.

isando mi blusa-. Enmárcalo. Quémalo. No me importa. Pero me

lado hacia

re brutal, tratando de intim

o un juego pe

, luego sus

berando mi brazo con una fu

ndonando l

mirando una puerta vacía, sosteniendo un trozo de papel arrugado

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