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Renaciendo De Las Cenizas De Tu Traición

Capítulo 2 

Palabras:641    |    Actualizado en: 15/12/2025

ila

permiso. Simplemente,

ritorio, bebiendo de mi taza. Era la de cerámica azul, esa que

e, dejando una marca de pintalab

la autoridad de quien se

a ventana, revisando unos documentos

zándome por ignorar su presencia

mano hacia atrá

acia él, interponiendo su cuerpo fí

hora", dijo ella, arrebatando el docu

tí, manteniendo la

miró. Sus ojos estaban

, Sheila. L

e algo al oído que logró arrancarle una sonrisa. En ese instant

te al escritorio, decidid

ue hicieron la semana pasada. Un viaje

eguntó ella, regodeándose.

ió, relajándos

eríamos

eran celos. Era algo puramente fisiológico

í de repente, con una

o momento de cortesía m

erfume empalagoso de Carolina que impregnaba su tr

ió quemando

e dete

rrí hacia el baño pr

que no quedó nada dentro de mí. Mi cuerpo tembl

asos detr

hei

no preocupada. Como si mi malestar

n el dorso de la man

antes de que pu

su tono cambiando instantáneamente a uno más suave

éfono pegado a la oreja, mientras

. Carolina olvi

la oficina, dejándome sola

vabo para no caer. Me miré en el espejo: m

. Mi cuerpo lo había ent

ho, ahora vací

contrato prenupcial con Marco que yo había estado re

o. Tenía que

ortó en lo

rio de Fernando. Busqué la cl

ta. La misma fecha que él le había pr

tín, sintiendo un nuevo tipo d

oda, Fernando. Es mi

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Renaciendo De Las Cenizas De Tu Traición
Renaciendo De Las Cenizas De Tu Traición
“Desde la penumbra del balcón, escuché cómo mi prometido le regalaba los detalles de nuestra boda a su amante. Fernando le prometía a Carolina mi fecha, mi viñedo y mis sueños, riéndose mientras ella me llamaba "un mueble que ya estorba". Soporté la humillación en silencio, apretando en mi bolsillo la carta de otro hombre. Pero el límite se rompió en el aeropuerto. Mientras yo intentaba proteger mi propio embarazo secreto, Fernando me dejó tirada en el suelo, pálida y enferma, para correr tras Carolina y su embarazo fingido. Ese día, mi amor por él murió entre las maletas y la indiferencia. Desaparecí sin dejar rastro. Un mes después, cuando Fernando descubrió que el cáncer y el bebé de Carolina eran puras mentiras, su mundo se vino abajo. Me buscó como un loco, removiendo escombros con las manos sangrando tras un deslizamiento de tierra, solo para encontrarme viva, pero inalcanzable. Cayó de rodillas en el barro, llorando y suplicando perdón, prometiéndome la vida que siempre quise. "Perdóname, Sheila. Sé lo de nuestro hijo. Te daré todo," gimió, destrozado. Lo miré con la frialdad absoluta de quien ha sobrevivido al infierno. "Llegas tarde, Fernando," le dije, mientras mi esposo, un hombre que jamás me abandonaría, me tomaba de la mano. "Ya estoy casada. Y él sí sabe lo que significa el respeto." Subí al helicóptero de rescate sin mirar atrás, dejándolo ahogarse en su propio arrepentimiento.”
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