“Amarrada a la fría mesa de metal en el sótano del hospital, le supliqué piedad a mi Compañero Destinado, el Alfa Marcos. Él ignoró mis lágrimas. Con una voz desprovista de cualquier calidez, le ordenó a la doctora que inyectara plata líquida en mis venas; un veneno diseñado para disolver el espíritu del lobo. -Hazlo -ordenó-. Si sigue siendo loba, es un pasivo para la manada. Como humana, puede quedarse como Omega. Grité mientras el ácido de plata quemaba mi alma, cortando la conexión con mi loba. Marcos ni se inmutó. No me estaba salvando de mis quemaduras; estaba limpiando el camino para su amante, Raquel, y su hijo ilegítimo secreto. Rota y sin loba, me vi obligada a ver cómo reclamaba públicamente a su bastardo como el nuevo heredero. Pensó que yo era sumisa. Pensó que me desvanecería silenciosamente en los cuartos de servicio para ser su caso de caridad. No sabía que yo había abierto su caja fuerte y encontrado las pruebas de ADN que demostraban su traición de tres años. En la mañana de su boda con Raquel, sonreí mientras subía al auto que me llevaría a mi "exilio". Diez minutos después, mi correo programado exponiendo cada una de sus mentiras llegó al Consejo de Ancianos. Y mientras Marcos caía de rodillas gritando al ver mi vehículo en llamas, dándose cuenta de que había destruido a su Verdadera Compañera por un fraude, yo ya me había ido.”