De Amante Secreto a Estrella Brillante
, el tratamiento formal una elección deliberada. Quedó sus
la formalidad desacostumbrada. Abrió la boca, una réplica ya formándose en sus labios, pero Rebeca, s
ra su pecho-, por favor, solo lléva
a última mirada fría, su rostro endureciéndose en esa familiar máscara de indiferencia. S
danza tóxica. Negué con la cabeza, un gesto displicente que tenía más peso que cualquier palabra de enojo. Mi corazón, una vez una cos
na década de silencio, de deseos no expresados, de una vida que erróneamente había creído
s en los estantes eran bestsellers genéricos, no los clásicos con las esquinas dobladas que amaba. Mis efectos personales se reducían a una sola maleta pequeña. Todo lo demás
s, lo encontré. Un simple anillo de plata, grabado con las iniciales de mi padre. Era suyo. Mi padre, que se fue
incondicional y familia, era lo último precioso que me quedaba de él. Recordé el día
. Significa el mundo para mí. Quiero que lo tengas.
una sonrisa fug
sola vez. Me había dicho a mí misma que simplemente era olvidadizo,
ía, en el fondo. Simplemente no
pensamiento repentino me golpeó. ¿Dónde lo había puesto? Lo había buscado antes, r. Nada. Mi mirada cayó en el pequeño y discreto bote de basura escondido en la esquina de su vestidor. Por lo general, estaba vací
tieron y sacaron el pañuelo. Y alg
lo de mi padre. Desech
formuladas, las dudas silenciosas... se fusionaron en una verdad brutal e innegable. No l
implacables. Pero no eran lágrimas de dolor. Eran lágrimas de rabia, de furia incandescente.
ia. El anillo, el anillo de mi padre, lo guardé con cuidado en mi bolsillo. No de
puerta principal se abrió de repente. Arturo estaba allí, su rostro todavía grabado con ira, sus
desprecio-. Realmente eres una reina del drama, ¿no? ¿T
s, mi mirada a su nivel. Una ris
Mi vida está en ruinas. Y todo lo que te im
-o quizás, de comprensión tardía- cruzando su rostro. Pe
Y qué tiene que ver eso con que hagas
cabeza. La pura e inalterada ignorancia, el escalofriante desape
el aire quemánd
. Para siempre. Estoy ro
negro se detuvo en la acera. Mi transpor
rturo se torci
mí? ¿De todo lo que te he dado? -Dio un pas
dando un
e diste nada más que una ilusión, Arturo. Una jaula dorada y un
¡Si sales por esa puerta, no hay vuelta atrás! ¿Me oyes? ¡Te
la puerta del coche, una son
, Arturo. Ni una sola vez. Eres
rada. Mientras el coche se alejaba a toda velocidad, miré por la ventana el horizonte que se alejaba, el penthouse que una vez había sido mi prisión aspiracional. Mis sueños aquí se hab