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Sin segundas oportunidades: Adiós, Sr. Rompecorazones

Sin segundas oportunidades: Adiós, Sr. Rompecorazones

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Capítulo 1 Tenía una excepción en mente

Palabras:813    |    Actualizado en: 21/10/2025

elazaban, llegando a su punto máximo y terminando f

ojos cerrados, con el rostro casi

o la gran mano que descansaba debajo de su c

s cálidos y húmedos besos del hombre cayeron,

bitación se calentó

ular sobre la mesi

extendiendo su larg

in poder ver con claridad quién llamaba a Vicente antes

elular y se dirig

a suave voz que llamaba "Vicente" lleg

o, reemplazado por la imagen de sus compañeros susurrando, hablando d

y apretado, haciendo que c

secretaria de Vicente y su am

vitaba cuando at

interrumpir su intimi

había una

lado de la línea ocupaba un lugar

urda rel

ua corriendo lle

eron mientras enterraba en silen

inaría el matrimonio de otra persona ni se conve

estía una bata de baño y aún ten

estaba vestida, consultando la

ente abierto, revelando un cuello aún teñido de rosa y las suge

, y su nuez de Adán se movió mientras el dese

s socios a las ocho de esta noche", la fría voz

rio hacía parecer que solo mantenían

mujer, su capacidad para separar el trabajo de los senti

de inexplicable irritación y frialdad: "Organiza

vista, un poco sor

í"

do preguntar impulsivamente si

sus labios, se dio cuenta de que no

a más que una compañera de cama a

a en sus pensamientos, él y

la pantalla de la computadora: "Señor Murphy, esta

le agarró el cabello, oblig

las fueron separadas brusc

a dominante

ada, incapaz de entender por

abía sido tierno y

a vuelto temperamental e impredecible, hu

hombre sobre su esbelto cuello, escurrién

l frío e instintivamente apr

olo avivó el fu

rla verbalmente, no pudo resistirse

que le dio, pero su atención se desvió ráp

midad, ella y Vicente

cias, y él conocía igualm

el cuello, provocando que incl

, él la apartó

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Sin segundas oportunidades: Adiós, Sr. Rompecorazones
Sin segundas oportunidades: Adiós, Sr. Rompecorazones
“Catalina pasó cinco años al lado de Vicente, siendo su secretaria ejemplar de día y su amante sumisa de noche. Cuando se enteró de su matrimonio arreglado, sofocó su dolor y planeó una desaparición discreta. Esa resolución se quebró en el momento en que conoció a su prometida, hija de la mujer que había destruido a su propia familia. La rabia reemplazó a la obediencia; Catalina decidió reclamar a Vicente. Sin embargo, él seguía tratándola como una muñeca, solo merecedora de migajas de lealtad. Con el corazón herido, se alejó con el último fragmento de su orgullo. Cuatro años después, se cruzaron de nuevo, con un niño agarrado de su mano. "No me importa quién sea el padre", suplicó Vicente. "¡Te lo ruego, vuelve!".”