“La primera vez que morí fue por un cáncer que mi madre no pudo pagar. Mi padre, que nos había abandonado por su amante millonaria, se negó a cubrir mi tratamiento. En un intento desesperado por salvarme, mi madre trató de vender su riñón en el mercado negro. La estafaron y la dejaron morir en un callejón. Murió de una infección una semana antes de que yo finalmente sucumbiera al cáncer, sola en la cama de un hospital. Nunca olvidaré cómo le dijo a mi madre, mientras ella le suplicaba, que su nueva familia tenía gastos, entregándole unos cuantos miles de pesos como si fuera basura. Entonces, abrí los ojos. Tenía catorce años otra vez, sana, viendo cómo el divorcio sucedía de nuevo. Mi padre me miró, esperando que eligiera a mi madre. -Alexia -dijo-, tendrás que elegir con quién quieres vivir. Recordé el hambre, el frío y el cuerpo destrozado de mi madre. Me encontré con sus ojos llenos de lágrimas, y mi propio corazón se hizo añicos. -Elijo a papá.”