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Cuando el amor murió, la libertad nació

Capítulo 3 

Palabras:1289    |    Actualizado en: 13/10/2025

ra baja, temblando con una furia que n

milia lo hiciera. Ethan se pondría furioso si sup

sentía una compleja re

un sonido agud

lo que yo le diga

sus ojos

tu madre, supongo. Mujeres débiles, ambas

o con el corazón roto y sola años atrás

a exp

ando con la mejilla de Jessi

rostro, sus ojos abiertos de par en pa

abalanzándose sobre Amelia

, pero Jessica, perdiend

algo a qué aferrarse. Encontró el má

olcó, derramando las cenizas de Leonor

helada, el hor

s esparcidas, su rostro

susurró-. O

lido de Jessica, los

su rostro furibundo. Sus tías

el suelo, con lágrimas corriendo por su rostr

voz cruda de dolor e ira-

ó. Acusó.

actriz, estalló en

Me atacó! Intenté detenerla, pero ella... ¡ella tiró la urna de la abuela

onunciada con tal histeria convinc

ero no le salieron las palabras. La audacia de

e la Torr

nstr

ta ser c

n a la

rostro contraído por l

a una mujer como

n querido creer lo peor de ella. Jessica acababa d

rdiendo con un fuego frío que ella había

melia -dijo, su voz

crímenes, su voz res

a de mi abuela. Agredir a Jessic

o, sus dedos clavá

ra esta familia, para

ideró su versión

atando de liberar su brazo-. ¡Jessica est

de Ethan s

ile

ó hacia atrás, su cabeza golpeando b

lotaron detrá

ue inmedia

na de mareo, vio a Et

essica, su expresión s

partando suavemente una lágrima

la cabeza de Amelia palpitaba, fue una heri

o que Amelia había anhelado, y estaba dirigido a la

e todo era una

la pared, la fuerza ab

ción daba

fría y distante,

í. No quiero vol

das la l

l nicho, pasando junto a las miradas hor

a oscuridad la reclamara fue a E

s, sola, en una habitación d

ar. Un gran y sensible moretón

crueldad de Ethan, su ciega devoción a Jessica y su propi

a y absolutamen

ón. Esta era la gota que derramaba el vaso. No hab

esita de noche. Un mensaj

copas de champán en alto, una

enzos. Algunas personas simplemente no

diga que espera que hayas aprendido la l

in lágrimas, sin ira. Solo

detendría. E

do una mueca de dolor. En

de su vida pasada con Ethan que todavía lle

e su boda; Leonor había insistido. Amelia ro

abía dado en su primer (y único) aniversari

amor y esperanza no expresados, nunca e

una ruptura,

Ethan estaba allí, sin el saco

objetos desechados, a Ame

esprecio asomó

hacerme sentir culpable destruye

súplica por su atención,

ntendía. Nun

isa genuina, tenue pero

su voz tranquila, casi li

rectamente

finalice. La idea de estar completamente libre

mera vez, llegó a sus ojos, brill

un paso dentro de la habitac

ó, agarrándola del br

ó su mano en su brazo, l

, Quiero. Que. Te. Largues.

una determinación tranquila e inquebranta

da claro

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Cuando el amor murió, la libertad nació
Cuando el amor murió, la libertad nació
“El cristal roto le cortó la mejilla a Amelia Garza. -Ayúdame -suplicó por teléfono, con la voz ahogada, pero su esposo, Ethan de la Torre, le espetó: -Amelia, por el amor de Dios, estoy en una junta. Un golpe seco. Luego, la oscuridad. Despertó, pero no en su coche ensangrentado, sino en su opulenta recámara principal. El calendario marcaba tres meses después de su boda. Tres meses de un matrimonio que ya había empezado a matarla. Ethan estaba de pie junto a la ventana, su voz se suavizó: -Sí, Jessica, esta noche suena perfecto. Jessica Montes, su verdadero amor, la sombra que había oscurecido la primera vida de Amelia. El dolor familiar en el pecho de Amelia dio paso a una furia nueva y helada. Durante siete miserables años, le había entregado a Ethan una devoción desesperada e inquebrantable. Soportó su frialdad, sus descaradas infidelidades, su abuso emocional, todo por un destello de su atención. Se había convertido en un cascarón, una caricatura, ridiculizada por el círculo de Ethan y tratada con condescendencia por su familia. La profunda injusticia, la ceguera total de su indiferencia, era una píldora amarga. Su corazón, antes roto, ahora no sentía más que el eco hueco de un amor no correspondido. Luego, en una gala, un acto cruel que involucró las cenizas de Leonor, y Ethan, sin dudarlo, empujó a Amelia, mientras sus acusaciones resonaban: -¡Eres una vergüenza! Consoló a Jessica mientras la cabeza de Amelia daba vueltas por el impacto. Esa fue la gota que derramó el vaso. Sin lágrimas, sin ira. Solo una fría determinación. Le entregó una pequeña caja de terciopelo en su penthouse. Dentro: el anillo de bodas y un acta de divorcio. -Quiero. Que. Te. Largues. De. Mi. Vida. Para. Siempre -declaró, con la voz clara. Había renacido para ser libre.”
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