“La última vez que escuché la voz de Arturo, mi novio, me estaba diciendo que dejara de ser tan dramática. Un hombre al que él había llevado a la quiebra me había secuestrado y yo le rogaba por mi vida. -Esto ya es caer muy bajo, incluso para ti -dijo, su voz gélida, llena de fastidio-. No tengo tiempo para estos jueguitos. Me colgó para atender una crisis de trabajo de su socia, Génesis. Mi secuestrador, al darse cuenta de que nadie pagaría un rescate, me amarró una bomba al pecho y me abandonó para que muriera. La explosión me mató, pero no me liberó. En lugar de eso, mi espíritu quedó atado a Arturo, una cadena cruel e invisible que me obligaba a seguirlo a todas partes. Tuve que ver cómo investigaba el asesinato de una "desconocida", sin sospechar ni por un segundo que la víctima irreconocible era yo. Vio mi último mensaje de texto -el que le decía que estaba embarazada- y lo llamó una mentira enferma y manipuladora antes de bloquear mi número y borrarme de su vida. Yo era un fantasma, encadenada al hombre cuya indiferencia fue mi sentencia de muerte, forzada a verlo sufrir por una extraña mientras maldecía mi nombre. Pensé que este era mi castigo eterno. Pero un año después, escuché a su nueva prometida, Génesis, presumiendo con sus amigas. Y finalmente supe la verdad sobre quién envió realmente a mi asesino a mi puerta.”