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La Viuda y Mi Marido

Capítulo 2 

Palabras:789    |    Actualizado en: 20/08/2025

s enojada por

ientos. Estaba de pie junto a la cama,

tu culpa. Tienes que entender que está

sin

a que debería tener cuidado es ella,

eloj caro. El hombre del que me había en

ción, su aparente competencia

mirada,

ero estar sola. Y mañana quier

ercó y me aga

viuda de mi hermano. Lleva a mi sobrino

¿O solo un contrato que firma

pieces c

vir con tus padres? Ti

se llevan. Además, es mi responsab

irte el héroe. Y lo estás haciendo a co

ue había estado ro

o el di

ncio por un momento, y l

erías. Estás ca

n gesto mecánico y

bromeando

ro se e

l. ¿Qué quieres? ¿Otro coche?

Para él, todo se solucionaba con dinero. El res

te largues de

a. Escuché la voz suave de Silvia desde el pasillo, y l

cerré la puer

minutos, a

yo, Silvia. ¿Po

los g

e causar problemas. Si quieres, le diré a Enrique

falsa inocencia que me provocaba náuse

que se siente muy responsable por mí

ché un soll

te enojes con él

asos de Enriq

aquí? Vuelve a tu c

muy enojada. Creo que

ningún lado. Yo hablaré con

, harta de su teatro.

puerta d

, que lloraba en su hombro. Él le

n bruscamen

liar" , dije con todo el

una perfecta imitac

o es lo que

esposo" . Miré a Enrique. "¿O

rique se puso

Camila! ¿Qu

un hombre abrace a su cuñada viuda en medio de la noche en el pasillo? ¿Qu

tás l

za. Un hombre debe guardar luto y respeto por su her

ra la b

la mano, como si

a, desafiándol

e at

e echó a llorar de nuevo

pa! ¡Mejor me voy! ¡No debí ven

do hacia su habitación co

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La Viuda y Mi Marido
La Viuda y Mi Marido
“Mi cuñado murió en un accidente, y su viuda embarazada, Silvia, se mudó a mi casa. Al principio, creí que era mi deber como familia ayudarla en su duelo. Pero pronto, mi esposo Enrique comenzó a tratarla como si fuera una reina, ignorándome por completo. Se convirtió en su sirviente personal, no en mi marido. Le masajeaba los pies por la noche, la defendía cuando se quejaba de mi café en mi propia cocina y me ordenaba apagar la cafetera porque a ella le molestaba el olor. La situación explotó cuando descubrí que Silvia había robado la pulsera de esmeraldas de mi difunta madre. Cuando la confronté, la dejó caer a propósito, haciéndola pedazos. Ciega de rabia, le di una bofetada. Pero en lugar de defenderme a mí, su esposa, Enrique me empujó con una fuerza brutal. Caí y me corté el brazo con una mesa de cristal. Mientras la sangre corría, él corrió a consolar a Silvia. Me gritó: "¡Estás loca! ¡Te voy a comprar otra! ¡Pero no vuelvas a tocarla!" . En ese momento, mirando los pedazos de la herencia de mi madre en el suelo y la sangre en mi brazo, el amor que sentía por él murió. Tomé mi teléfono e hice una llamada. "Chuy, trae a tu equipo a mi casa. Con mazos. Vamos a hacer una remodelación" .”
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