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Ocho pérdidas, una última esperanza

Ocho pérdidas, una última esperanza

Autor: Rabbit4
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Capítulo 1 

Palabras:1620    |    Actualizado en: 15/08/2025

egría secreta compartida solo con Alejandro. Y ocho veces, él me la

misma que sería diferente. Pero entonces, él entró con Giselle Valadez, con su

lejandro, quien una vez fue mi protector, ahora me acusaba de hacer un drama, de intentar incomodar a

pila, la niña de la que era responsable. Pero, ¿qué pasaba con las promesas susurra

me enamorara de él, solo para destruirme, para hacer que mi padre sintiera el dolor de p

venganza. Mi amor, mi dolor, mis hijos... todo carecía de s

ítu

o v

vida dentro de mí, un gozo clandestino q

él me la hab

ro amor era demasiado frágil para el mundo. Le creí. Lo amaba lo suficiente como para soportar el vacío

a la no

rdaba con fuerza en mi pecho, una frágil esperanza que me aterra

años. Mis padres, sus mentores y amigos, se habían mudado al extranjero por negocios, confiándome a Alej

ó una sacudida. Me alisé el vestido, mi mano

se abrió, pero no fue so

na rubia hermosa y escultural con una so

ón se me

a, desprovista de la calidez que yo

se movían, una mari

lle, su mano pose

, te dirigirás a ella

de mi pecho. Era un título con el que había

mirara siquiera, había estado encaprichado con ella. Era la p

e me había tratado con un respeto

señorita Valadez hacen

por el

dé sola, un fantasma invisible en mi propia casa. Me ardían los

of

ejandro fue

ojos rojos. ¿Estás tratando de in

agudas y ácidas, subió por mi garganta. Me tambaleé, llevándom

enía el informe oficial del médico, guardado en mi bolso, que lo confirmaba. Seis

acia Giselle, su voz suavizándose en ese m

sido un poco dramática, se p

ional. La niña de la que era responsable. E

oscuridad, la forma en que me abrazaba como si yo fu

tenía dieciocho, un chico atormentado cuya familia había sido asesinada en una operación militar que salió ma

rompí sus barreras. Le llevaba botanas, me sentaba con él cuando se q

o una sombra, su sola presencia bastaba para que se dispersaran. Me ayudaba con la tarea, reco

eció lenta e inevitablemente e

dos. Yo era una polilla atraída por su oscura llama. Lo seguía a todas partes, mis ojos llenos de una adorac

os, fui a un estudio de tatuajes y me tatué su nombre, Alejandro,

letras, sus ojos oscuros e indescifrables. Pensé que su brusca inhalación era una señal de am

os una doble vida. El tutor responsable y su pupila sil

ras maneras, con moretones en la piel que yo escondí

jandro? -preguntaba yo, mi voz p

mento adecuado -decía siempre, s

el primer embarazo, ni del segundo, ni del octavo.

sabía

o quería un reemplazo, un juguete, hasta que su verdadero a

mbre violento y doloroso. Necesitaba sali

piernas temblorosas, ignorand

mi habitación,

-mi voz

o de ti. Iba a llamarte para preguntarte si finalmente

s palabras como un salvavidas

-gritó mi madre de alegría-. ¿Qué pas

las palabras sabían

e. Tenía que proteg

édico en mi mano. El papel se ar

a dicho el doctor, su voz llena de una suave maravilla-. Después d

ador. M

a mi hijo. El único pedazo de fam

a este también. Lo haría con esa misma disculpa fría y distante, y luego se casaría co

m

a. Me escondería. Proteger

ré en la silenciosa hab

aría atrás a Alejandro Garza y las ruinas

que ha

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Ocho pérdidas, una última esperanza
Ocho pérdidas, una última esperanza
“Ocho veces había sentido el aleteo de una vida dentro de mí, una alegría secreta compartida solo con Alejandro. Y ocho veces, él me la había arrebatado, susurrando que nuestro amor era demasiado frágil. Esta novena vez, una tenue línea azul en una tira de plástico, me prometí a mí misma que sería diferente. Pero entonces, él entró con Giselle Valadez, con su brazo posesivamente alrededor de ella, anunciando que era la nueva señora Garza. El corazón se me detuvo. El personal de la casa la adulaba, sus palabras me desgarraban por dentro. Alejandro, quien una vez fue mi protector, ahora me acusaba de hacer un drama, de intentar incomodar a Giselle. Una oleada de náuseas me golpeó, la prueba de embarazo en mi bolsillo era un bloque de hielo. Se volvió hacia Giselle, su voz se suavizó, llamándome emocional. Yo solo era su pupila, la niña de la que era responsable. Pero, ¿qué pasaba con las promesas susurradas, las noches en que me abrazaba como si yo lo fuera todo? ¿Fue todo una mentira? El cruel susurro de Giselle lo confirmó: Alejandro había pasado una década haciendo que me enamorara de él, solo para destruirme, para hacer que mi padre sintiera el dolor de perder a una hija. Llamó a mis bebés perdidos "errores", "pequeños accidentes no deseados". La verdad me hizo pedazos. Me había utilizado, un peón en su venganza. Mi amor, mi dolor, mis hijos... todo carecía de sentido. Tenía que escapar, proteger esta última y frágil vida.”
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