icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

De las cenizas a su abrazo

Capítulo 3 

Palabras:1532    |    Actualizado en: 08/08/2025

de Isadora, a sus padres, a cualquiera que quisiera escuchar. Les habló de su vida

le c

, el tiempo que vivió en su pequeño departamento, todo había desaparecido, enterrado bajo una montaña de dinero e influencia. Para el mundo, ella simplemente se h

cansada. Sostuvo una de las cartas-. Ni

estello de incertidumbre en ellos. Pero desapareció

tando de copiar su letra. Es patético. -Dio un paso más cerca, su voz bajando a un susurr

dado a Jordán la apertura que necesitaba, y ahora le daba

el cesto lleno de ellas. No podía dejar que las viera. Incluso con su memoria perdida, la

las cartas que sostenía en el cesto de basura. Le arrebató el Zippo de l

n grito y se arrojó hacia atrás, chocando contra una pequeña mesa

ndo cartas en llamas y brasas incan

e abrió de

a alarma. Vio el pequeño incendio, la lámpara volcada y

empujó a Elías a un lado, su

e de él!

Jordán, sus manos r

tás herido?

ción magistral de víctima. Señal

nte, su voz llena de fingida repulsión-. Intentó forzármelas. Cuando me negué.

olpe, sus ojos ardían con un odio ta

onstruo

-dijo Elías, con la vo

temblando de rabia-. ¡Lo vi con mis propios ojos! ¡

istió Elías-. ¡Estaba tratando de de

tó un gemi

creo que está roto.

o violento y despreciable. -Miró a Elías como si fuera algo que hubiera raspado de su z

La mujer que amaba, la mujer a la que había protegido y cuidado, lo

significaban nada para ella. La historia

ló por la habitación. Agitó las cenizas en la chimenea, envian

los pies

iar caligrafía enlazada en el papel carbonizado. Su propia letra. Un destello

eso? Se sentí

sde el suelo, agarrándos

a fugaz fue olvidada. La apartó, su at

dole la espalda a Elías por compl

abitación sin una sol

El olor a humo, las cenizas esparcidas de s

que se había aferrado se había ido, conve

rato de la extraña y poderosa mujer que había a

do que los últimos restos de

ellas. Estaban llenas de regalos para él, dijeron. Trajes a medida, zapatos italianos hech

, el señor Valdés, supervisó la entrega. Detrás de él, dos consultores de seguridad de

bién le envía sus más profundas disculpas por la brecha de seguridad de anoche. No volverá a suceder. De hecho, nos ha instruido que le proporcionemos esto. -Le o

abrumado. Era un hombre que poseía dos pares de jeans y una colección

nuó el señor Valdés-. Una oferta de adquisición hostil requiere t

ntumecido, poniéndose

su salvación. Pero sentía que estaba cambiand

avía tenía algo de control sobre su propia vida. Tenía que darle un regalo a camb

su voz-. Necesito salir. Necesito com

entáneamente sorprendido, p

Herrera. La camioneta

idió al conductor que se detuviera frente a una famosa y ridículamente cara joyería. Salió, su ropa

eans e inmediatamente lo descartaron. Saludaban a otros clientes con sonri

a las vitrinas de cristal, buscando algo que se sintiera adecuado para

tienda hasta que lo rodearon. Los reconoció al instante. Eran los amigos de Jordá

o, un niño rico con una boca cruel-. Miren lo que arrast

o Elías, dándose la

uearon

nte-. Oímos que le pusiste las manos encima a Jordán.

Obtenga su bonus en la App

Abrir
De las cenizas a su abrazo
De las cenizas a su abrazo
“El frío cañón de una pistola se apretó contra mi nuca. Tenía una última llamada para salvar mi vida, y la elegí a ella: mi Isa. Pero la mujer que respondió era una extraña. Cuando le dije que iban a matarme, que su primo Jordán me había tendido una trampa, se mostró impaciente. -No tengo tiempo para esto -dijo, su voz como el hielo-. Jordán y yo estamos terminando las invitaciones para nuestra fiesta de compromiso. Comprometida. Con el mismo hombre que me quería muerto. Le supliqué, le recordé nuestra vida juntos, la pérdida de memoria por el tratamiento al que su familia la obligó. -No tengo amnesia -espetó-. Recuerdo todo lo que importa. Eres un mecánico de Irapuato. Yo soy una heredera. Vivimos en mundos diferentes. Me dijo que amaba a Jordán, que él era su igual y que yo no era nada. El clic del teléfono al colgar fue más fuerte que el martillo de la pistola amartillándose detrás de mí. Ya no tenía miedo de morir. La mujer que amaba ya me había matado. Justo cuando cerré los ojos, las puertas de la bodega se abrieron de golpe. Una docena de figuras con trajes negros desarmaron a mis captores en segundos. Una mujer alta, con un impecable traje sastre, emergió de la luz. Me ofreció una propuesta de negocios: un contrato matrimonial. A cambio de mi firma, me proporcionaría protección, recursos y un escape total. Era mi única salida.”
1 Capítulo 12 Capítulo 23 Capítulo 34 Capítulo 45 Capítulo 56 Capítulo 67 Capítulo 78 Capítulo 89 Capítulo 910 Capítulo 1011 Capítulo 1112 Capítulo 1213 Capítulo 1314 Capítulo 1415 Capítulo 1516 Capítulo 1617 Capítulo 1718 Capítulo 18