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Amor, Mentiras y un Perro Fatal

Amor, Mentiras y un Perro Fatal

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Capítulo 1 

Palabras:1408    |    Actualizado en: 30/07/2025

ado a mi madre. Corrí a la sala de urgencias, solo para encontrarla gr

"¿Tanto alboroto por nada? Estaba en media junta". Luego, de forma increíble, defendió al perro, César, que per

ocupación mientras me lanzaba una sonrisita triunfante. Constantino la rodeó con un brazo, declarando: "No es tu culpa, Regina. Fue un accidente". Luego

su funeral, escogía su ropa para el entierro y escribía un panegírico que

en mano y la leyenda: "¡Viviendo la buena vida en las Maldivas! ¡Los viajes espontáneos son lo mejor! #bendecida #singapur

rodillada ante la tumba de mi madre, finalmente lo entendí. Mis sacrificios, mi trabajo duro, mi a

ítu

silencio de mi oficina. Era una

ienes que venir rápido!

o resonando en el silencio repentino. Murmuré algo, un gracias

dajes blancos, pero la sangre ya se filtraba, manchando la tela de un rojo a

rré, con la

ue una mueca. "Está bie

ida era profunda. Estaban pr

, con su traje carísimo sin una arruga, su cabello perfectamente p

por nada? Estab

i aburrido. Me crispó l

Constantino. Era e

a. La mujer que me miraba como si fuer

suavizó, pero no por preocupa

s juguetón. Seguro

que oía. ¿Juguetón? El doctor había usa

o. "Regina nunca dejaría que lastimara a nadie a propósito. De todos modo

iré el rostro pálido de mi madre y lueg

cariciarlo. Simplemente

jos muy abiertos por una falsa preocupación. Corri

to fatal. César nunca había hecho

ta cuando Constantino no miraba. La mira

n brazo. "No es tu culpa,

ese importante viaje de negocios a Singapur. No puedo cancelarlo. Asegúrate

arse en mí. Era el tipo de sil

a ir?", pregunté,

les de millones de dólares, Jimena

las pequeñas grietas en mi corazón qu

tino", dije suaveme

viera haciendo una escena. "Esa es

cendiente en el hombro. "T

de los hombros de ella mientras se secaba los ojos secos.

fección se había extendido. Su fiebre se disparó. Los méd

esa

de las máquinas se detuvo. El único sonid

. Lo intenté de nuevo. Y de nuevo. Sin respuesta. Su teléfono estaba apagado

co que no me atreví a leer. Mi madre había estado tan emocionada por la boda. Ya se había comprado su vestido, uno hermo

familiares es

se cabrón de Constantino?", escupió

tá en un viaje de negocios. No lo sab

ndo. Me estaba mi

era querido. Me paré junto a su tumba, el viento frío azotando

én removida. Mi teléfono vibró en mi bolsillo. Era una notificac

laron al abrir

na. Él la tenía rodeada con el brazo y ella se reía, sosteniendo una copa de champaña. La leyenda decía:

o enterraba a mi madre, él estaba en unas vacacion

deando en busca de aire, con el estómago revuelto. La traic

ra una mentira. Su preocupación, su

la tierra. La pantalla de mi teléfono estaba borrosa por mi

n la voz ronca. "Siento mucho

hasta mis huesos. Cuando finalmente me levan

ma vez, su rostro son

mi voz clara y firme. "Él no

tonces, un voto silenc

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Amor, Mentiras y un Perro Fatal
Amor, Mentiras y un Perro Fatal
“Mi mundo se hizo añicos con una llamada frenética: un perro había atacado a mi madre. Corrí a la sala de urgencias, solo para encontrarla gravemente herida, y a mi prometido, Constantino, indiferente y molesto. Llegó con su traje carísimo, apenas mirando a mi madre ensangrentada antes de quejarse de su junta interrumpida. "¿Tanto alboroto por nada? Estaba en media junta". Luego, de forma increíble, defendió al perro, César, que pertenecía a su amiga de la infancia, Regina, afirmando que "solo estaba jugando" y que mi madre "seguro lo asustó". El doctor hablaba de "laceraciones severas" e infección, pero Constantino solo veía un inconveniente. Regina, la dueña del perro, apareció, fingiendo preocupación mientras me lanzaba una sonrisita triunfante. Constantino la rodeó con un brazo, declarando: "No es tu culpa, Regina. Fue un accidente". Luego anunció que de todas formas se iría a su "viaje de negocios multimillonario" a Singapur, diciéndome que le mandara la cuenta del hospital a su asistente. Dos días después, mi madre murió por la infección. Mientras yo organizaba su funeral, escogía su ropa para el entierro y escribía un panegírico que no pude leer, Constantino estaba ilocalizable. Su teléfono estaba apagado. Entonces, apareció una notificación de Instagram: una foto de Constantino y Regina en un yate en las Maldivas, con champaña en mano y la leyenda: "¡Viviendo la buena vida en las Maldivas! ¡Los viajes espontáneos son lo mejor! #bendecida #singapurqué?". No estaba en un viaje de negocios. Estaba en unas vacaciones de lujo con la mujer cuyo perro había matado a mi madre. La traición fue un golpe físico. Todas sus promesas, su amor, su preocupación... todo mentiras. Arrodillada ante la tumba de mi madre, finalmente lo entendí. Mis sacrificios, mi trabajo duro, mi amor... todo para nada. Me había abandonado en mi hora más oscura por otra mujer. Se había acabado.”
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