“Durante diez años, creí que César Estrada era mi salvador. Él me sacó de mi pequeño pueblo en Jalisco y me trajo al deslumbrante caos de la Ciudad de México, donde me convertí en su devota prometida y en una exitosa modelo de manos. Entonces, una manicura sorpresa que César reservó en el salón de su exnovia, Carina, me destrozó las manos, arruinando mi carrera a solo unos días de firmar un contrato millonario. Cuando mi agente amenazó con demandar a Carina, la furia de César explotó. Me acusó de querer arruinarle el negocio a ella. Días después, me llevó en coche a lo más profundo del Desierto de los Leones, me sacó a rastras del auto, tiró mi bolso al suelo y se fue, dejándome abandonada, embarazada y sin señal en el celular. Después de dos días de pánico y deshidratación absoluta, volví a casa solo para encontrar a César riendo a carcajadas con sus amigos, presumiendo cómo me había abandonado, llamándome "un comodín" y burlándose de mi carrera. Ahí reveló su verdadera y monstruosa naturaleza. No podía entender cómo el hombre que amaba, el padre de mi hijo, podía verme como un objeto desechable, sobre todo después de que mi propia familia me hubiera dado la espalda, dejándome completamente sola y sin un lugar a donde ir. Sin nada que perder, tomé una decisión: cortaría todos los lazos con César, empezando por el bebé, y recuperaría mi vida, sin importar el costo.”