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Dulce Venganza Mexicana

Capítulo 3 

Palabras:889    |    Actualizado en: 09/07/2025

al a cualquier cosa que le recordara a mí, a nuestra vida juntos. ¿Tanto me odiaba? ¿O era a sí mismo a quien no podí

la de sorpresa y furia mal disimulada. Su máscara de socialité perfecta se resquebrajó por un segundo, revelando la ansiedad de quien depende del favo

nidad, su rostro lleno de desesperación. Vi a un proveedor, un hombre mayor que había trabajado con mi familia por años, esperando pacientemente a que Daniel le consiguiera una audiencia con Ricardo, su

ada oscura, un grupo de vecinos había improvisado un pequeño altar, con velas, flores y fotografías mías sonriendo, cortando un pastel de bodas, cargando a un perro callejero que había adoptado. Escuché sus murmullos, r

vio el pequeño altar, frenó bruscamente, su rostro se contrajo en una másca

átigo. "¡Quiten todo esto ahora mismo! ¡Prohibido mencionar su nomb

da por su violencia. Un hom

s honrar su memoria, e

"¡No saben nada! ¡Limpien esto o haré

ejando tras de sí un silencio

r afecto que pudiera haber quedado en mi alma se congeló, convirtiéndose en un témpano de hielo afilado. La desesperación me inundó, si él podía se

jardín, un lugar que yo había amado y que él había dejado morir. El silencio allí era diferente, no estaba cargado de su presencia, era un

más influyentes del país, era un despliegue de poder y riqueza. Durante el brindis, un

talentosa esposa, Ximena" , dijo Don Armando, su voz resonando en el silencio repentino. "Muchos aquí probamos sus creaciones y vimos

o todos me habían olvidado, mi trabajo

dillos blancos mientras apretaba su copa. Se inclinó hacia Don Armando, su

ncargaré de que su 'respetada' empresa familiar se hunda en la bancar

e fue claro para todos en la mesa, Ximena estaba muerta y enterrada,

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Dulce Venganza Mexicana
Dulce Venganza Mexicana
“Mi nombre era Ximena, y mi vida era una sinfonía de azúcar y harina, cada postre una obra de arte, cada día, una dulce melodía compartida con Ricardo, el hombre al que di mi corazón y construí un imperio. Pero la melodía se rompió, el sabor se volvió amargo cuando la enfermedad, la traición y una foto con la socialité Isabella me arrebataron el último aliento, anclando mi alma, en lugar de liberarla, a la pesadilla de una mansión que fue nuestro hogar, ahora su reino. Convertida en una sombra invisible, fui testigo de cómo Ricardo, sin rastro de duelo, arrojaba mis libros de recetas como basura, escuchaba sus desprecios hacia mi legado y mi memoria, mientras Isabella, con su dulzura empalagosa, reacomodaba nuestra vida con frialdad, borrando cada rastro de mi existencia. ¿Cómo era posible que el amor se transformara en esta crueldad visceral? ¿Por qué la verdad de mi hijo, Mateo, una tragedia médica que creí fue mía, se revelaba ahora como una monstruosidad gestada en la indiferencia de Ricardo y el veneno de Isabella? Atrapada en este purgatorio, la injusticia encendió una llama helada en mi alma, la impotencia se convirtió en furia, y por primera vez, sentí un propósito: no partiría, no descansaría, hasta que la verdad saliera a la luz y Ricardo pagara por cada pedazo de mi vida que destruyó.”
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