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Infierno de Amor Perdido

Capítulo 1 

Palabras:993    |    Actualizado en: 09/07/2025

a se hubiera asentado en cada mueble. Mi padre, Ricardo Alcocer, un hombre que antes caminaba con el pecho inflado, ahora estaba encorvad

de la autoridad que alguna vez tuvo. "Damián Montenegro es el ún

Es un chantaje! ¡Ese tipo nos odia! ¡Quiere humillarn

é quieres que haga, Leo! ¿Que nos quedemos en la calle? ¿Que lo perdamos

el frío no solo en el ambiente, sino dentro de mis huesos. Sabía cuál era el precio de Damián Montenegro. No

mones. "Yo lo haré", mi voz sonó ext

ie de un salto. "¡Elena, no! ¡No puedes! ¡Ese h

los ojos. "Aceptaré casarme con él, pero con una condición. El estudio de mamá, sus pinturas,

e revolvió el estómago. "Hija... lo juro. Protegeré el estudio de tu madre con mi vida

corrían por su cara. "Por favor, Elena, no

En una etapa avanzada. Los tratamientos eran caros y las probabilidades bajas. Mi sacrificio no era solo por la familia, era una forma de darle un propósito a mis últimos meses, de asegurar que al menos algo de no

o hubo invitados de mi lado, solo los socios y amigos de Damián, cuyas miradas curiosas y sonrisas burl

tallado en piedra, sus ojos oscuros no mostraban ninguna emoción. Cuando el juez nos declar

voz un veneno suave. "Disfruta de tu nueva vida, porq

pensamiento, claro y nítido, lleno de una furia helada. "Esto es solo el comienzo. Pagarás por c

ía siendo una máscara impenetrable. El shock me hizo dar un paso atrás. Damián me sujetó el brazo co

ndo animadamente con uno de los socios de Damián. Me vio, y por un segundo, su sonrisa vaciló. Luego, me dio la

ron a un cuarto pequeño y austero en el ala de serv

io. Te asignará tus tareas. No eres la señora de la

s me sacudió el cuerpo. Corrí al pequeño baño y vomité en el inodoro. No era comida, era un líquido amargo con hilos de sangre. Me l

sación de fraude. Ricardo Alcocer sobrevivió, pero el padre de Damián se quitó la vida, dejando a s

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Infierno de Amor Perdido
Infierno de Amor Perdido
“La mansión Alcocer, ahora un mausoleo de deudas, asfixiaba a mi familia con su aire pesado. Mi padre, que antes caminaba con altivez, ahora estaba encorvado, consumido por la inminente bancarrota. La única salida, según él, era un pacto con el diablo: Damián Montenegro. Su precio no era dinero. Él me quería a mí, Elena Alcocer, la hija de su archienemigo, como un trofeo para humillar y destruir. Acepté, con una sola condición: el estudio de mi difunta madre, su legado, debía permanecer intocable, un santuario en medio de la tormenta. La boda fue una farsa grotesca, un circo de miradas curiosas y sonrisas burlonas. Vestida de blanco, me sentía como un cordero en el matadero. Damián, cruelmente guapo, se inclinó, su aliento venenoso en mi oído: "Bienvenida al infierno, Elena Alcocer. Cada día desearás estar muerta". Luego, en mi mente, una voz helada que no era suya: "Esto es solo el comienzo. Pagarás por cada lágrima que mi madre derramó. Tu padre te usó para salvarse, y yo te usaré para destruirlo" . La pesadilla comenzó: me degradó a sirvienta, limpiando baños, comiendo sobras, todo para romperme. Mi propio cuerpo, sin que ellos lo supieran, ya se rendía a una leucemia avanzada, y ni mi padre ni mi hermano Leo mostraron la compasión que tanto anhelaba. Un dolor inmenso, la traición de la familia, y la enfermedad que me consumía parecían sellar mi destino. Pero no moriría en vano.”
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