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La Heredera y Su Revancha

Capítulo 2 

Palabras:751    |    Actualizado en: 09/07/2025

ofá, abrazando sus rodillas, mientras los recuerdos la asaltaban sin piedad. Record

alculable, para darle a Mateo el capital inicial que necesitaba. Le dijo que eran ahorros de un tr

café, animándolo cuando las cosas iban mal. Había renunciado a una vida de lujos, a la comodidad de su hogar famil

eguntó en voz alta, su vo

u interior. Cada gota de lluvia era como una lágrima que ella no podía derramar. Se sentía vacía, hueca, como si le hubieran arrancado el corazón y lo hubiera

a expresión indescifrable. Salió y regresó a los pocos minutos con una bolsa de papel en la

si gentil. Dejó la bolsa en la mesita de centr

sación de hacía unas horas nunca hubiera sucedido. Como si pu

mo el agua. Esto no era preocupación. Esto era control. Quería

sin alegría se di

rgada de un sarcasmo helado. "¿Un premio de

mabilidad se resquebrajó. "No seas as

alabra. La civilización se acabó cuando decidiste acostarte con tu

te a ella y sacó unos papeles de su maletín. Lo

apeles del

enó, su voz volvién

ma miserable, apenas suficiente para vivir unos meses, a cambio de

asura," dijo ella, empu

. Se inclinó hacia adelante, su vo

piensas mantener a un bebé tú sola? ¿Eh? Yo soy tu única opción. Si firmas, te daré e

hijo no nacido, como un arma contra ella. La estaba acorraland

el del hombre que había amado. El amor que quedaba en su corazón se secó por completo, reemplazado por un frío glacial.

su voz tranquila pero llena de una convicción que

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La Heredera y Su Revancha
La Heredera y Su Revancha
“El resultado positivo de la prueba de embarazo temblaba en mis manos. Llevaba tres años casada con Mateo y este bebé era la pieza que nos faltaba. Decidí que era el momento de decirle la verdad: yo era Sofía Alarcón, la hija del magnate de los medios más poderoso de México, Don Ricardo. Mi padre, por mi insistencia, invertiría en su empresa para salvarla. Pero todo se desmoronó con un mensaje. Una foto. Mateo abrazando a su socia, Isabella. "Celebrando nuestro futuro juntos. Te amo, mi vida." Mi corazón se detuvo. Y luego él entró. "Quiero el divorcio," soltó. No solo me dejaba, sino que se casaría con Isabella, porque según él, ella era hija del Senador Ramírez. "¿Estás escuchando la locura que dices?" le grité. La rabia me consumió. Mi mano se movió. ¡PLAF! Le di una bofetada. En medio de la discusión, me empujó. Caí. Un dolor agudo. La sangre. Estaba perdiendo a mi bebé. Desperté en el hospital, mi madre a mi lado, sus lágrimas confirmando mis peores miedos. "Lo siento mucho, mi amor. El bebé..." Él me lo quitó. Él y esa mujer. Me arrebataron a mi hijo. "Van a pagar. Se lo juro. Voy a destruirles." Y así, con el dolor aún fresco, les envié un mensaje. "Estoy lista para firmar el divorcio. Encontrémonos en el registro civil en una hora. Trae a tu socia. Quiero que todo quede claro." Llegaron radiantes, ella embarazada. Mateo me reclamó: "¿Y el bebé?" "Lo perdí." "¡Sabías lo importante que era ese niño para mí! ¡¿Cómo pudiste ser tan descuidada?!" La ironía me quemaba. Firmamos los papeles. Y diez minutos después, se disponían a casarse. "Disculpe, señorita," dijo la funcionaria a Isabella. "Hay un problema con su acta de nacimiento. Aquí dice que su padre es Ricardo... Ricardo A." Yo sonreí. "Qué extraño. Mi padre también se llama Ricardo Alarcón. Y recuerdo que una vez mencionó haber puesto a la hija de una empleada en su registro para ayudarla. Una niña llamada Isabella... Isabella García." El pánico en sus ojos fue mi primera victoria. Y la venganza, apenas comenzaba.”
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