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La Venganza de una Esposa Olvidada

Capítulo 3 

Palabras:707    |    Actualizado en: 09/07/2025

parente sumisión l

lastado con sus palabras, se paseaba

, tomando un sorbo de su tequila, "Mamá, en cuanto nos den los departam

io de la casa, los mismos muebles que

, "ya que no haces nada de provecho, podrías ir investigando agencias de viajes. Quiero llevar a

plaudió com

amor! ¡A Par

los a la casa para que elijamos" , me ordenó M

tí, con una

mano. Lo que

a el cuello, pidiendo préstamos con la p

ran, que se hundieran solos en el p

cada paso en falso, de

ndome con asco, "Tenemos que comprar un coche nuevo,

ia la calle, donde estaba estacion

sto Tsuru, el coche que con tanto esfuer

o vas a cambiar ese pedazo de lata? Parece que se va a desarmar en cualquier momento

r, mi madre intervino, su ton

nero de tu hermano es de tu hermano. Él sabrá si te quiere dar una limosna o no, pero tú no tienes derecho a exi

que ahora sería expropiada. La que

ciosa que casi me atra

mente sumisa, "Jamás se me ocurriría pedirle nada a

complacido po

final sí entiende

nté del

a más, me tengo que ir. Tengo cosas que

tantes puedes tener tú

ente" , añadió Mateo, y am

umbral y me gi

nque llena de sarcasmo,

ntamente, saboreando cada palabra, "Porque el dinero, así como llega, s

desecharon rápidamente, demasiado inmersos en su

respiré el aire

erse, tiñendo el cielo

ligera, ca

pezar, y yo tenía toda

nte y esperar el momento

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La Venganza de una Esposa Olvidada
La Venganza de una Esposa Olvidada
“La notificación de expropiación llegó sin avisar, revelando el plan para reemplazar la vieja casona de mis abuelos con departamentos nuevos. Mi hermano menor, Mateo, sostenía el papel como un trofeo de oro. "El último que se lo quede el perro", se burló Mateo, riendo a carcajadas, ante la atenta mirada de mi madre, que me fulminaba con desprecio. Mi propia madre, en lugar de defenderme, la atacó, recordándome que soy una inútil y que ni el perro me daría nada, porque la prosperidad es solo para hombres como Mateo, no para mí. Sentí una furia que amenazaba con consumirme, pero entonces, mi celular vibró con un mensaje de mi hija Ana. "Mamá, no les digas nada", decía. "Que crean que es la casa del primo. Tú hazte la tonta y vuélvete rica. ¡Ya nos tocaba!" Una sonrisa lenta y secreta se formó en mis labio. Otro mensaje de mi esposo, Carlos, confirmaba: "¡De ahora en adelante, dependeré de mi querida esposa para que me mantenga!". Respiré hondo, conteniendo una risa que burbujeaba en mi pecho. El juego acababa de empezar, y yo tenía todas las cartas ganadoras.”
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