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La Apuesta Fatal del Destino

Capítulo 3 

Palabras:770    |    Actualizado en: 09/07/2025

e parecía colarse por las rendijas d

a cerveza rancia

cortina de cuentas de plástico, el humo de los cigar

Mateo

ombros caídos, como u

a cabeza en alto, sus ojos esca

ón, alrededor de una mesa d

nariz ganchuda, con ojos pequeños

robusta con una risa chillona y

sonrisa torcida se dibujó e

un tono untuoso y burlón. "¿Tan pronto te acabaste

ada característica, un son

a pedirnos fiado para comprar más ca

ada, diseñada para humilla

a subirle por el pec

as que su padre le

simples

epreda

onesta, que hubiera juntado u

deuda, una enfermedad, un sueño- y luego los a

ue vivían de la

un paso, visibl

llación y la pérdida e

an y no podía sos

hombro, un gesto firme q

te, interponiéndose entre

con una voz clara y firme que

aron en ella por primera vez

vestida con sencillez, c

ueva

qué vinieron? ¿A mirar?

a la mesa y sacó

n que nadie

ego

lotó en el aire

ambiaron una mirada rápida, una

ó ese instante

mesa, un poco más desgastado

ores, un tipo gordo y sudoroso, se rascaba

sus gafas cuando quería que s

as, casi insultan

eído de un montaje t

o entrenado,

un mapa detalla

con nosotros",

no?", repl

de este mundo, n

mo el de cualquiera", dijo

iente para senta

es sufi

itre

ínima son die

no dij

de billetes de su bolsill

de mil pesos y los e

reparten o solo

re" se transformó en un

con diner

bo pe

sa que no llegó a sus ojos. "Pero que conste q

por primera v

a fría y s

en por mí. Sé c

ba en la taquería n

en la

as lecciones

la mirada atenta, l

había c

o el d

s

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La Apuesta Fatal del Destino
La Apuesta Fatal del Destino
“Sofía regresó a casa, a su México querido, con el peso de dos años de sudor y esperanza en su bolsa, anhelando el reencuentro con Mateo y el futuro que habían soñado para "El Sazón de la Abuela". Pero la taquería, en lugar de recibirla con el familiar aroma a cilantro y carne asada, la ahogó con un silencio fúnebre que presagiaba la catástrofe. Mateo, de rodillas, con los ojos hinchados por el llanto, susurró la verdad devastadora: "Lo perdí todo". Doscientos mil pesos para la operación de su abuela; cien mil de las ganancias de la taquería; el futuro de Lupita... todo desvanecido en una noche por una estúpida partida de cartas con unos depredadores llamados "El Buitre" y "La Hiena" . El suelo se abrió bajo los pies de Sofía, y la esperanza que traía de un país ajeno se transformó en una crueldad abrumadora. ¿Cómo era posible que todo se hubiera esfumado así, por la ingenuidad de él? Mateo imploraba perdón, Doña Carmen pedía clemencia, Lupita lloraba inconsolable, pero Sofía escuchó una voz diferente, una que venía de un pasado que había intentado enterrar. Una frialdad extraña la invadió, una calma escalofriante. Miró el dinero que le quedaba, apenas cien mil pesos, fruto de su propio exilio voluntario. Extendió los billetes hacia Mateo, cuya desesperación era evidente al gritarle: "¡Estás loca! ¡Es una trampa! ¡Te quitarán hasta el último centavo!" . Pero la decisión de Sofía era inquebrantable, tan súbita como un relámpago. "Es para comprar mi entrada a esa partida", sentenció, con una voz plana y sin emoción. Porque sabía que no era mala suerte, sino un timo. Y a los cazadores, no se les denuncia. Se les caza de vuelta.”
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