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Un Matrimonio Sin Alma

Capítulo 3 

Palabras:583    |    Actualizado en: 09/07/2025

los detalles del funeral, recibió una llamada de

lena me llamó. Me dijo que preparara la habitación de invitados.

a de Elena era increíble. No solo lo había abandonado y robado, sino que ahora planea

ahí?" pregun

un murmullo helado. "No prepare nad

voz. Estaba claro que no quería hablar con él. Pero

ió un mensaje con una captura de pantall

nuto y sostenía una copa de champán. Sebastián la abrazaba por la cintura, su rostro lleno de arrogancia, y d

leaños con mi verdadera felicidad. Gracias por el

Nadie sabía la verdad. Nadie sabía que el "mejor regalo d

de su propia vida, viendo una tragedia grotesca que nadie más podía ver. Todo su matrimonio,

do ver? Se había aferrado a la imagen de la mujer de la que se

ón se solidificó en una resolución fría

no y llamó a su a

sta de cualquier emoción. "Empaca todas y cada una de las pertenen

envío?" preguntó el

O tíralas a la basura. No me importa. Solo quiero que todo lo que le pertenezca desap

os papeles para la liberación de los cuerpos de sus sue

vendrá?" preg

a fija en el papel. "Ella está...

s dos personas que lo habían aceptado en su familia,

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Un Matrimonio Sin Alma
Un Matrimonio Sin Alma
“Mi teléfono sonó, rompiendo el silencio gélido de la sala de espera del hospital. El nombre de mi esposa, Elena, brillaba en la pantalla, pero no era ella; era yo quien acababa de intentar contactarla por décima vez. Finalmente, Elena contestó, su voz, acompañada por el ruido de una fiesta, sonaba molesta: "¿Qué quieres, Ricardo? Te dije que no me molestaras, hoy es mi cumpleaños." Le informé, con la voz quebrada, del grave accidente que habían sufrido sus padres, quienes viajaban en el coche que le regalé. Ella no solo se rio, sino que se burló de mí, acusándome de inventar todo para impedirle viajar. "Estás patético, ya estoy en el aeropuerto", espetó con indiferencia, e incluso me exigió que firmara por ella la autorización para la cirugía que sus padres necesitaban urgentemente. Se atrevió a decir: "Para eso eres el yerno perfecto, ¿no?" Después de confesarle que no podía firmar porque no estábamos legalmente casados, me colgó. Minutos después, volvía a llamarle, pero ella solo gritaba que la dejara en paz y que ya estaba en el avión. Me sentí completamente impotente, una cruel ironía considerando todo el dinero y el poder que tenía. Escuché que el médico nos daba la terrible noticia: "No lo lograron". Miré las puertas de quirófano en las que había estado concentrado todo el tiempo y en las que mi vida se había desvanecido. En el funeral de mis suegros, no podía entender cómo ella podía ser tan egoísta. "¿Es que no lo sabía?" se preguntaban todos, susurrando, mezclando lástima y desprecio por mí. Me sentí humillado mientras ella se iba con Sebastián. Lo había soportado todo por amor, o por lo que creía que era amor. ¡Qué idiota había sido! La rabia, fría y afilada, comenzó a reemplazar el vacío. Fue entonces cuando la vi en la playa con su amante, Sebastian Rojas, con el coche que le regalé de fondo en la foto, el mismo que ahora era un amasijo de hierros. En ese momento, no sentí nada. Me di la vuelta y me fui, sin mirar atrás. ¡Este era el final!”
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