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Adiós, Mi ex Esposo

Capítulo 3 

Palabras:787    |    Actualizado en: 09/07/2025

en el hospital. Entró en mi habitación sin tocar, con una expresión de fastidio en el

o loca" , fue lo primero que dijo, n

ijo" , respond

a junto a mi cama y lueg

¿Y qué fue? ¿

n la incubadora.

sombreció. Su mirada se

ego, me miró directamente a los ojos, su voz

ades, de la humillación constante, esa duda era el insulto final. Yo le ha

nó el teléfono de la hab

ues? ¿Ya apareció

altavoz, una decisió

ndo a Ricardo. "Acaba de ped

l al otro lado de la línea, seg

¡LA ÚNICA PERSONA EN ESTE MATRIMONIO QUE TENDRÍA DERECHO A

ebatándome el teléfono

hiciste eso

, sintiendo un extra

más mínimo. Así, cuando los resultados demuestren que

i calma. Esperaba lágrimas, gri

ara. ¿Es por el parto? ¿O es que d

r fin abrí los ojos. Quiero el divorcio. Te daré el heredero qu

risa corta y

s? No tienes a nadie, no tienes nada. Volvería

Miró la pantalla y una sonrisa tonta se dibujó en su rostro.

no te enojes, cosita, es que tuve un problemita

acia mí, su expresi

. Tengo... una ju

"La 'junta' debe

A través de la puerta entreabierta, vi a una pareja en el pasillo. Él le estaba dando de comer a ella una gelatina con una cuchara, co

nco. Una transferencia. Ricardo me había depositado una suma considerable de dinero, mucho más de l

é. Un intento de lavar su conciencia o,

Lo necesitaría par

uedara con ella en su casa de la ciudad para recuperarme. Era un lugar más pequeño

"Hablé con el abogado de la familia. Redactará los papeles. Ricardo firmará, quier

o mi mente ya estaba en otro lugar.

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Adiós, Mi ex Esposo
Adiós, Mi ex Esposo
“En tres años de matrimonio, mi esposo Ricardo me engañó 187 veces. Llevaba la cuenta, no por masoquismo, sino como un recordatorio constante de la farsa de mi vida. Con nueve meses de embarazo, el peso de mi vientre era casi tan abrumador como mi desilusión. Ricardo me arrastró a una reunión de negocios, exigiéndome ser la "esposa perfecta" . Allí, bajo presión y con su aliento a alcohol en mi oído, me obligó a beber un tequila, a pesar de mi avanzado estado. "No pasa nada por un trago, mujer. No exageres", siseó. Inmediatamente, un calambre agudo y violento me recorrió el vientre. El parto se adelantó. Nueve horas de labor, sola. Ricardo me abandonó en la entrada de urgencias para "cerrar el trato" . Cuando nació mi hijo, pequeño y frágil, fue directo a la incubadora. Y Ricardo no estaba. A la mañana siguiente, mi suegra, Doña Carmen, entró a mi habitación. "Prendí la televisión. Arrestaron a Ricardo con otra mujer en una redada" . Esa fue la confirmación número 188. "Doña Carmen", dije con una calma que no sabía que poseía. "Quiero el divorcio". Ella me miró, y no encontró ninguna duda en mi rostro. "Te ayudaré", dijo finalmente, con la voz firme. En los días siguientes, apenas miré a mi hijo en la incubadora. No podía permitirme amarlo. Él era la llave para salir de esa jaula de oro. Yo me iría sin nada, como llegué a este mundo. Cuando Ricardo apareció, en lugar de preguntar por el bebé, exigió una prueba de paternidad. Fue entonces que abrí los ojos. No iba a llorar, ni a gritar. Solo iba a ser libre.”
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