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La Novia Que Apostó Todo

Capítulo 1 

Palabras:747    |    Actualizado en: 09/07/2025

se había callado hacía horas, los invitados se habían ido y la casa estaba en

na masa de encaje blanco que ahora se

con el que me había casado esa

, una de esas que organizaba su supuesto "

cigarro y el olor a alcoho

i familia, el dinero que mis padres habían a

sola noche, en una

l cielo de un gris pálido, y yo seguía sentada en e

cuando escu

i imperceptible, en

, sil

quizás una hora

rujiendo con cada paso,

dillas en el pasillo

en el altar, estaba arrug

a a tocar el timbre, no se atrevía a

do, temblando, una figura pa

mirilla, mi corazón era un

stima. No s

vacío

a y regresé a

í la p

onial, escuchando el sonido de su respirac

l la pasó en el suelo del pasillo y yo la

el sol ya estaba alto,

n el suelo, dormido, con la ca

on un suave t

poderó de su rostro. Se puso de pie de un

name, por favor, perdóna

a un susu

dije

ó como un perro apaleado, cer

donde habíamos planeado nuestr

uantó la

n idiota, un estúpido... Ricardo... é

mi bolso y los puse so

a casa que había heredado de mi abuela, una

papeles si

esto?",

e, mi voz sonaba tranqu

a los ojos, sintiendo cómo una fuerza

a Ric

padeó, co

Qu

articulando cada palabra con una cla

platos, una mezcla de horr

edes estar hablando en s

mi voz cortante como un cuchillo. "

la mesa y los sost

e apuest

uego a mí, como si estuvi

vez

se casó con él a

n más, alguien forjado en

ía una orden que no admitía répl

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La Novia Que Apostó Todo
La Novia Que Apostó Todo
“La noche de mi boda, el aire olía a flores y a fiesta, pero la casa de pronto se sumió en un silencio pesado que se sentía más ruidoso que cualquier canción. Mi flamante esposo, Marco, el hombre con el que me había casado esa tarde, no estaba a mi lado. Estaba jugándose nuestro futuro, y mi dote familiar -los ahorros de toda la vida de mis padres- en una partida de póker clandestina organizada por su supuesto "mejor amigo" , Ricardo. El sol asomaba tímidamente cuando Marco, con el traje arrugado y el alma rota, finalmente apareció, arrodillado en el pasillo, sin atreverse a mirarme a los ojos. No sentí lástima, no sentí rabia; solo un inmenso vacío al ver que lo había perdido todo. Marco era un idiota, un estúpido, que había caído en la trampa de un profesional del engaño, de un estafador. Pero la Isabella que se casó con ese hombre ya no existía. Forjada en la traición y el fuego de esa misma noche, una nueva fuerza, dura y fría, crecía dentro de mí. Con mi voz tranquila, demasiado tranquila, le entregué a Marco los títulos de propiedad de mi abuela y le dije: "Llama a tu amigo Ricardo. Dile que quiero jugar."”
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