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Más Allá Del Prejuicio

Capítulo 3 

Palabras:769    |    Actualizado en: 09/07/2025

abía cesado. Cada día había una nueva insinuación, un nuevo comentario malicioso. Me sentía agotada, pero también endurecida. La revelación de Ri

evistas. No entré por la puerta principal con los demás candidatos. Usé mi

respeto. Ninguno de ellos sabía del infierno digital que estaba viviendo. Para ellos, yo era Ele

caoba, frente a una única silla donde l

ero apasionados. Escuché sus propuestas, hice preguntas,

nciaron al sigu

id Va

elco, pero mi rostro

mostraba en sus fotos. Revisó su portafolio, sin levantar la vista. Cuando finalm

ad, y luego a una ira mal disimulada. Podía ver los engranaje

Luego, su voz se elevó, llena de

tecto alemán llamado Klaus R

. ¿Conoce a la Ar

un dedo tembloroso

esta? ¡Ella también es una candidata! ¡Esto es

miradas confusas. Yo permanecí en silencio, o

no es una candidata. Es miembro de este jurado eva

aún más. Se tambaleó, su rostro pálido. Pero

er en mi contra! ¡Es una trampa! ¡Todo esto es un

ala silenciosa. Era un

n un movimiento rápido y practicado, abrió un

a corrupción de este concurso! ¡Verán cómo la élite se

adeó en su teléfo

han tendido una trampa! La misma arquitecta de la que les he estado hablando, Elena Rojas, ¡está en el jurado! La que u

a subían exponencialmente. Cientos, luego miles.

s contigo

la corr

é des

tir, el David luchando contra un Goliat corrupto. Era su personaje, el

. "¡Porque soy un estudiante que se ha esforzado solo! ¡Y ella, con sus vestidos

ían hacia él, pero Klaus les hizo una seña para que

htag #JusticiaParaDavid se había vuelto tendencia. Estaba logrando exact

en el centro

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Más Allá Del Prejuicio
“Soy Elena Rojas, arquitecta con una firma exitosa a mis 28 años, una de las directoras más jóvenes en mi campo. Pero una tarde tranquila, tras una conferencia, un estudiante me pidió mi contacto, un gesto inocente que se convirtió en el inicio de mi pesadilla. Al día siguiente, una foto mía de la conferencia, enfocada en mis piernas, apareció en un foro tóxico con el titular: "¿Las arquitectas de hoy se visten para diseñar o para provocar?" El autor, el mismo estudiante, me acusaba de usar mi cuerpo para avanzar y el foro se llenó de comentarios misóginos que me llamaban "buscona" o "poco profesional" . La humillación se multiplicó cuando él y sus seguidores empezaron a atacar también a mi querido amigo Ricardo, arrastrándolo a su fango de mentiras. La situación escaló hasta que mis padres, inocentes, fueron acosados públicamente, una línea que no podía permitir que se cruzara. ¿Cómo era posible que una figura pública como yo fuera reducida a un objeto sexual, mi carrera y esfuerzo pisoteados por la envidia y la misoginia de un desconocido? Recordé la historia de la hermana de Ricardo, destrozada por el acoso, y supe que no podía quedarme callada. "Quieres jugar sucio, David. Quieres usar el poder de la opinión pública. Muy bien." "Voy a darte un huracán." Esta guerra no solo era mía, era por todas las mujeres silenciadas y por mi familia vilmente atacada. Ahora, que el mundo sepa la verdad.”
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