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La Traición del Corazón Roto

Capítulo 1 

Palabras:806    |    Actualizado en: 08/07/2025

che, un zumbido insistente que rasgab

úmero de

ca y un mal presentimiento q

cardo?", preguntó una v

soy

eneral. Su hijo, Miguel, ha

entido. Mi mente se negó a procesarlas. Un accidente. Migu

bien?", logré preguntar, mi pro

al hospital de inmedi

nó mis oídos. Miguel. Mi muchacho. Mi razón para levantarme cada mañan

taba a su madre, necesitaba que alguien compa

é su

ada sonó una, d

n de

temblando, la desesperación cr

a

vez

ed marcó no se enc

onado algo sobre una reunión importante, una celebración para el hijo de su amigo Mateo, Santiago. Dij

iendo antes de arrancar. Conduje hacia el hospital, pero una fuerza irracional me desvió. Necesitaba verla, nece

colonia lujosa

aminé hacia la casa, una mansión con luces brillantes que se derramaban por los ventanales.

e las ventanas y m

on la fuerza de un pu

vestido caro, uno que yo no recordaba haberle comprado, y reía a carcajadas, con la cabeza echada hacia atrás. A s

o y despreocupación financiado con mi sudor y, como

da gourmet me revolvió el estómago. Caminé directamente hacia ell

, mi voz un g

ró de su rostro al verme. Fue ree

aquí? Estás haciendo un ridíc

rando su veneno. "Tuvo un acci

ro no por preocupación

iago acaba de ser aceptado en la mejor universidad d

. El mundo a mi alrededor se desvaneció, solo podí

puso una mano en e

eguramente no es nada grav

to, Sofía le

sala. "¡Por Santiago y su brillante futuro! ¡P

sus copas y vitor

a en sus múltiples trabajos para ayudarme a pagar las deudas que ella

empre en ese instante. El amor, la esperanza, cualquier vestigio de sentimiento que aún albergaba por esa mujer, m

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La Traición del Corazón Roto
La Traición del Corazón Roto
“El teléfono vibró, anunciando una llamada que destrozaría mi madrugada y mi vida. Era el hospital, con la voz impersonal que me informó que Miguel, mi hijo, había sufrido un accidente grave. Corrí a buscar a Sofía, su madre, mi esposa, el único hombro en el que creí poder apoyarme en la inmensidad de este horror, pero sus excusas me llevaron a una fiesta. Ahí estaba, Sofía, celebrando, brindando y riendo a carcajadas con Mateo y su hijo Santiago, mientras nuestro Miguel, mi razón de ser, luchaba, o dejaba de luchar, por su vida. El médico lo confirmó: Miguel no lo logró. Y entonces, en el pasillo helado de la morgue, mi cuerpo se derrumbó mientras mi alma era consumida al escuchar a Sofía hablar por teléfono con Mateo: "El plan sigue en pie. Con la lana de Ricardo y el extra que sacaba Miguel de sus trabajitos, Santiago ya está dentro de la universidad. Por fin... por fin te pagué la deuda que tenía con tu familia. Estamos a mano." No era indiferencia, era traición. Una jugada fríamente calculada que había usado la vida de mi hijo como peón. La ira me quemó el alma, pero me tragué mi dolor y mi furia. No le di el gusto de verme roto. Incluso en el funeral, Sofía abandonó a nuestro Miguel por consolar a Santiago, el mismo que, años después, la policía revelaría fue el atropellador de nuestro hijo. En ese momento, solo me quedó una verdad: estaba solo y con el tiempo contado. El cáncer me estaba devorando, pero una última chispa de fuerza me impulsó a cumplir el sueño de mi hijo. Dejaría este purgatorio que llamábamos hogar, no sin antes encender la mecha que haría explotar su infierno. Leí el diario de Miguel, sus sueños, sus sacrificios, y lo dejé para ella. Sabía que lo encontraría y que, a través de sus palabras, Miguel, mi pequeño, rompería por fin el corazón que yo ya no pude.”
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